lunes, 11 de enero de 2016

JESUCRISTO ORDENÓ EL DIEZMO?




Por HENRY VARGAS HOLGUÍN


¿Qué cantidad de dinero debo entregar a la Iglesia por concepto de diezmo? En mi parroquia lo están solicitando y no sé cuánto debo ofrendar… 

El diezmo ha sido en el ámbito civil, incluso desde la época romana, un impuesto (del 10%) que se pagaba en razón a una contraprestación ya sea por una autorización a ejercer una labor económica ya sea por el derecho a usar un terreno, etc..

El origen del diezmo es muy antiguo, pues en el ámbito religioso ya se habla de él en el Antiguo Testamento.

El diezmo era el 10% o los diez primeros frutos o la décima parte de los productos ofrecidos a Dios; y quizá se instituyó evocando simbólicamente los diez mandamientos. Según la Ley Mosaica, el diezmo era obligatorio.

lunes, 21 de diciembre de 2015

CEREMONIA DE NAVIDAD




Las familias católicas se reúnen en la noche del 24 de diciembre, víspera de la Navidad, para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Para ello preparan una rica cena, en la que se acostumbra comer pavo u otros platillos propios de esta época. Se trata de una cena especial, distinta a la de todos los días y en un ambiente fraterno y festivo.






CEREMONIA PARA LA CENA DE NAVIDAD



El menor de los asistentes pregunta a quien preside la cena -preferiblemente el Padre o la Madre del hogar-  sobre las razones por las cuales se celebra esta fiesta.

Menor: ¿qué celebramos en esta noche, que todo es tan distinto?

V: Un día fuimos esclavos del pecado; y para liberarnos,  nuestro eterno Padre nos envió hace 2000 años a su amado hijo Jesucristo, para que fuera nuestro Redentor.

sábado, 21 de marzo de 2015

LA FINALIDAD DE LA ENCARNACIÓN


SEGÚN EL BEATO RAIMUNDO LULIO


He aquí un punto interesante en el que Lulio no sólo encaja perfectamente entre los escolásticos de su época, sino además se lleva la palma, sobresaliendo entre todos hasta el punto de que ni siquiera Escoto adujo más tarde tantos y tan sutiles argumentos como antes Lulio a favor de la tesis que se conoce con el nombre de escotista, acerca del motivo principal de la Encarnación del Verbo.

Me esforzaré en presentar con breves palabras el cuadro de conjunto, para pasar después a exponer la doctrina del Beato y la evolución que sufrió.
*
La cuestión de si el Verbo divino habría asumido a su persona la humana naturaleza, aunque Adán no hubiese pecado, aparece terminantemente propuesta y resuelta afirmativamente a fines del primer tercio del siglo XII por el Abad Ruperto de Deutz y por Honorio de Autún(2).

No pensó siempre así el Abad Ruperto. En obra comenzada en 1114 y terminada en 1117 escribió: "porque por causa nuestra has sido hecho Dios. Pues si no hubiésemos sido pecadores, ninguna causa habría para que Tú debieses ser hecho Dios... Si no hubiesen pecado los siervos, tampoco habría sido asumida por Dios Nuestro Señor la naturaleza vilísima"(2)

En diversas obras escritas entre 1117 y 1126 dice que la encarnación, la pasión, la resurrección y la ascensión forman la cuadriga de Aminadab con que Cristo se opone a las fuerzas del mal(3) y con la que el mundo se salva(4); esos cuatro misterios son lo más grande que por causa de nosotros ha hecho en Cristo la Santísima Trinidad(5); son los cuatro ríos que salían del Paraíso para regar toda la tierra(6).

Como se ve, no sólo van juntas y ligadas la encarnación y la pasión redentora, sino la caída humana se presenta como la causa única de que Dios haya tomado naturaleza humana.

Poco antes de 1126 escribió su obra De victoria Verbi Dei, en la que trata de la encarnación sin supeditarla a la redención humana(7).

Y he aquí que en una obra escrita, al parecer, entre 1126 y 1128 dice:

"La intención de la Santísima Trinidad al decir hagamos el hombre a nuestra imagen y semejanza miraba al que ahora está sentado a la diestra del Padre en el Cielo, "mediador de Dios y de los hombres, el hombre Cristo Jesús" (I Tim. II); ¿ acaso cuando dijo aquello la Santísima Trinidad no pensaba en este hombre ni se lo proponía, y sólo tras el pecado de Adán pensó Dios en que el Hijo de Dios se hiciese hombre para redención del género humano? Este hombre que el Verbo había de asumir en unidad de persona "in ipso vita erat" antes de que los ángeles fuesen hechos" (8)

Y en otra del mismo bienio:

"¿ Cuál es la causa por la cual Dios lo creó todo, sino este Hijo del hombre? Religiosamente se ha de decir, reverentemente se ha de oír, que para coronar de gloria y honor a este Hijo del hombre Dios lo ha creado todo"(9)

Los textos escriturarios en que se apoya son de San Pablo (Heb. II):

"... dispensatio sacramenti absconditi a saeculis in Deo, qui omnia creavit", y "propter quem omnia et per quem omnia".

Pero vuelve en seguida sobre el tema, tan frecuente en sus obras, de los cuatro misterios: encarnación, pasión, resurrección y ascensión.

Y añade un poco más adelante:

"Aquí primero hay que preguntar si este Hijo del Dios de quien aquí se trata, aunque el pecado por el cual todos morimos no hubiese ocurrido, se hubiese hecho hombre o no. Que no se habría hecho hombre mortal si no hubiese habido el pecado por el cual todos nosotros también hemos sido hecho mortales, nadie lo duda, nadie sino el infiel lo desconoce. Lo que preguntamos es si había de ser, y en algún modo era necesario al género humano, que Dios-Hombre fuese constituído cabeza y rey de todo, como ahora lo es; ¿ qué se ha de responder a esto? Cierto, de todos los santos y elegidos es cosa segura que todos ellos, y sólo ellos, hubiesen nacido aunque no hubiese ocurrido aquel pecado de la primera prevaricación... Pues si es absurdo creer que para que ellos naciesen fue necesario el pecado, ¿ qué se ha de decir de esta cabeza y rey de todos los elegidos, ángeles y hombres, sino que mucho menos fue el pecado causa necesaria para que él se hiciese hombre y tuviese las delicias de su caridad en habitar con los hijos de los hombres? (Prov. VIII)"(10)

La proposición es clara y terminante y, sin embargo, prosigue el texto considerando la encarnación tan ligada a la redención que repite, aunque con diversas palabras, lo que ya he copiado de su obra De Trinitate et operibus eius (nota 2), y pone en labios de Jesucristo estas frases, tan llenas de mansedumbre y humildad:

"Nec ego talis ac tantus nunc existerem nisi causa tui, nisi propter peccata generis humani."
Y añade:

"Vemos - dice el Apóstol - a Jesucristo, por la pasión, coronado de gloria y honor; luego los impíos y malvados le fueron causa de ser coronado y sentado a la diestra del Padre"(11).

Hay contradicción entre ambos conceptos; sólo no la habría si el Abad Ruperto contemplase dos distintos decretos divinos; pero por todo el contexto parece referirse al decreto actual.

En resumen, creo que la doctrina del Abad Ruperto puede cifrarse en estas palabras: Aunque opino que si Adán no hubiese pecado el Verbo se habría hecho hombre, lo cierto e indudable es que si se ha encarnado ha sido para redimir al humano linaje, y que la exaltación de Cristo hombre a la dignidad divina es debida a la necesidad humana de redención.
*
Por los mismos años en que escribía estas dos últimas obras el Abad Ruperto, Honorio de Autún, en su Libellus octo quaestionum, después de sentar que la creación del primer hombre estuvo supeditada a la defección angélica, es decir, que la razón de crear el linaje humano no ha sido la de ocupar los puestos celestiales que quedaron vacíos, y que igualmente habría sido creado aunque no hubiesen pecado los ángeles rebeldes, propone la siguiente cuestión:

"Si Cristo se habría encarnado en caso de que el hombre hubiese perseverado en el Paraíso" (12); porque - dice - como toda la Escritura clama que Cristo vino en carne para redención humana, se cree que nunca habría venido así si el hombre no hubiese pecado ni hiciese falta redimirlo; parece, pues, que la causa de la encarnación de Cristo fue el pecado del hombre."

A lo que contesta Honorio que el pecado no fue causa de la encarnación de Cristo, sino de su condena y muerte; la causa de la encarnación fue la predestinación de la deificación humana. El pecado no podía mudar el divino propósito de deificar el hombre. Por tanto la encarnación de Cristo fue la deificación de la naturaleza humana, y su muerte fue la destrucción de nuestra muerte. Dios habría tomado carne humana aunque el hombre nunca hubiese pecado.
*
La tesis fue abriéndose paso y ganándose prosélitos.

La Teología Paulina sobre Jesucristo(13), tan manejada por los SS. PP. impugnadores de Arrio(14), ofrece los cimientos. Todo ha sido criado por y para Cristo; Adán en su estado de inocencia era imagen de Cristo, ya porque creado a semejanza de Él, ya porque lo prefiguraba; Adán, todavía en justicia original, había sido iluminado para conocer la futura encarnación del Verbo; ésta es la primera y más excelente de todas las obras divinas, la fuente de todas las gracias sobrenaturales para lo ángeles y para Adán en su estado de inocencia; la causa de nuestra predestinación es la predestinación de Cristo, el cual, como hombre, es el primogénito de la creación y la causa final de la misma.

Aunque no hay texto patrístico alguno que explícitamente diga que aun sin pecado de Adán el Verbo se habría encarnado, y aunque los textos escriturarios mezclan siempre con aquellos conceptos sobre Cristo el de la reconciliación por Él y redención por su sangre; una vez presentada así la encarnación como clave de toda la economía de la gracia, era lógico distinguir entre encarnación en carne pasible para redimir y encarnación no vinculada a la redención.

En el siglo XIII la doctrina común y corriente era la antigua tradicional, que consideraba esencialmente ligados ambos misterios(15); pero los más afamados teólogos no dejan de proponerse la cuestión de si no habiendo pecado Adán se habría encarnado el Verbo divino.

Alejandro de Halles, partiendo de que el bien es difusivo de su ser, contempla la divina difusión ad intra, en la Trinidad, y puesta, por la creación, la difusión ad extra, que no sería la máxima posible si no hubiese encarnación, concluye: "ergo posito quod ipsa [creatura humana] non esset lapsa adhuc ei uniretur summum bonum"(16). Lo mismo deduce de la consideración de que el hombre es beatificable en su conocimiento sensitivo, y esta beatificación no la alcanza el sentido humano en la naturaleza divina, y sí, según Agustín, cuyo texto aduce, en el cuerpo del Hombre-Dios. Hace suya, además, la opinión de San Bernardo, según la cual Luzbel cayó por envidia al prever la encarnación; de donde deduce Alejandro que Luzbel hizo caer a Adán para ver de impedirla.
San Alberto Magno tiene por más probable que sí(17).

San Buenaventura enseña que sólo Dios puede saberlo; que a juzgar por la razón parece más probable que sí; pero concuerda más con la piedad de la fe y con las autoridades de los Santos el negarlo(18).
Santo Tomás de Aquino, aunque en su juventud había atribuído igual probabilidad a ambas opiniones(19), en su obra definitiva, la Suma Teológica, tiene por más probable la negativa(20). Es interesante seguir un poco su pensamiento; dice que no es creíble que el primer hombre antes de pecar ignorase el misterio de la encarnación, y asegura que tuvo fe explícita en ella, en cuanto se ordenaba a la consumación de la gloria, pero no en cuanto se ordenaba a la liberación del pecado por la pasión y la resurrección, porque no tenía presciencia del futuro pecado(21). En el lugar en que se trata ex profeso la cuestión deduce la conveniencia de la encarnación no ya de la idea de la redención, sino de la propensión comunicativa del Sumo Bien(22), pero recorta el concepto diciendo: "conveniens fuit Deo secundum infinitam excellentiam bonitatis eius ut sibi eam (la naturaleza humana) uniret pro salute humana"(23). A continuación afirma que por la encarnación "non minuitur ratio reverentiae ad Deum, quae augetur per augmentum cognitionis ipsius"(24); pero contrapone que ese mayor conocimiento, que por la encarnación se obtiene, no hubiese sido necesario si el hombre se hubiese conservado en gracia, porque "habría sido llenado por Dios de luz de divina sabiduría y perfeccionado en la rectitud de la justicia para conocer y hacer todo lo necesario"(25). Por tanto, sólo el argumento de la peculiar comunicabilidad del Sumo Bien queda a favor de la encarnación sin finalidad redentora, en la cuenta de Santo Tomás; y como esa comunicabilidad se traduce en realidades por sola Su libérrima voluntad, y de ésta no tenemos más noticia que lo que Él se ha dignado revelarnos, y en los datos de la revelación siempre aparece unida a la encarnación la finalidad reparadora, deduce Santo Tomás que es más probable que, de no haber pecado Adán, no se habría encarnado el Verbo.
*
¿ Y el Beato Raimundo Lulio?

Desde el siglo XIII hasta nuestros días se ha debatido muy sabiamente la cuestión; muchas páginas de tratados de Teología, de artículos de revistas, de libros ad hoc se han escrito procurando esclarecerla; y puede decirse que cuantos argumentos de razón se han esgrimido en favor de la encarnación no motivada por la redención ya los había dado antes Lulio. Precedió a Escoto en el tiempo y lo superó en el número y calidad de las razones.

Ahora bien; acerca de esa doctrina hubo evolución en la mente del sabio mallorquín; y debe tenerse en cuenta, porque a veces se alegan textos del mismo que no hacen al caso, por tomarlos de obras lulianas escritas cuando todavía Lulio no contemplaba más encarnación que la ordenada a redimir al linaje humano(26).

Antes de entrar a analizar las manifestaciones de Lulio sobre esta materia en sus diversas obras, debo advertir, para hacerle justicia, que jamás ha enseñado, ni siquiera vaga e implícitamente, la necesidad metafísica de la encarnación, ni la física, ni la moral; ni defiende tal conveniencia que implique inconveniencia en lo contrario, a no ser en el sentido de menor conveniencia. Preludio del Optimismo llama Michel a la doctrina de Lulio(27). Es una muestra más del desconocimiento o de la torcida interpretación de sus doctrinas. Nunca enseñó que puesto Dios a crear tuviese necesariamente que producir el mejor mundo posible, sino todo lo contrario(28); su optimismo es el anselmiano: lo que sea mejor dentro de cada orden providencial es lo que hay que atribuir a Dios(29). El Beato Lulio explícita y reiteradamente enseña que si bien en sus operaciones ad intra obra Dios por naturaleza y necesidad, nunca obra así ad extra, y que por tanto la encarnación no es obra de necesidad natural, sino de su libérrima determinación y elección(30); "non dico quod necessitas incarnationis fuisset naturalis sed quoad bene esse et moraliter et libera intellecta et considerata: sicut agens qui libere et ad placitum causat effectum(31). Expresamente de la encarnación dice:

"Quaestio: Utrum Deus sit incarnatus de necessitate? Respondeo et dico quod non secundum Supremam Necessitatem, sed secundum subalternatam necessitatem; et vade ad Caput De Potestate in 3ª Distinctione."

Y en esa Dist. III, cap. 5, dice:

"Necessario sequitur quod Deus sit incarnatus; non autem dico Supremam necessitatem, sicut est necessitas Divinae Trinitatis, quia illa est naturaliss; sed dico subalternatam necessitatem, et quia est de bene esse"(32).

Igualmente recarga la tinta Michel al decir, en el lugar citado, que Lulio da a los dogmas carácter racional; no sólo los tiene por sobrenaturales en sí mismos, cuando se trata de los que lo son, como Trinidad, Encarnación, por ejemplo; pero también en cuanto a la primera noticia de su conocimiento, que sólo puede tenerse por revelación. Si, llevado de apostólico celo y con la mira puesta en la conversión de los infieles, pretende dar demostraciones de tales dogmas, dice y repite hasta la saciedad que se requiere siempre previa luz de fe, y admite que sus argumentos se llamen suasorios y no apodícticos.

Dije que el pensamiento luliano había evolucionado acerca de la finalidad de la encarnación; he aquí la prueba palmaria. Cotéjese lo que escribía hacia 1270 y lo que después escribió en 1289 y 1295, es decir, en sus maravillosas enciclopedias Libro de Contemplación en Dios y Questiones per Art. demonstrativam solubiles, y Arbol de Ciencia, respectivamente:

"La causa y razón que Vos, Dios y Señor, tuvisteis de tomar carne humana fue, ciertamente, por motivo de la naturaleza humana, que cayó en infernal pecado en Adán, por causa de la desobediencia que tuvo para con Vos. Y para que la naturaleza humana fuese recreada quisisteis Vos venir a este mundo para purificarla del pecado original. Habéis querido que en vuestra encarnación hubiese motivo y causa, y tanto como fue grandemente necesaria la recreación humana, otro tanto fue grande la causa que tuvisteis de tomar carne humana por amor nuestro"(33)
"Del pecado de Adán sacó Dios el grande bien de que por motivo del pecado de Adán se encarnó"(34)
"Si el pecado de Adán no fuese general, no habría tenido Dios motivo de encarnarse"(35)
"Si la redención humana hubiese sido más principal fin que la ostensión y el amor divinos, seguiríase que si no hubiese habido pecado original no se habría encarnado Dios, mas por haber habido pecado original convino que encarnase para redimir al género humano..., lo que es imposible"(36)
Pone en labios de María Santísima las siguientes palabras: "Aquellos que dicen que el pecado ha sido la causa de mi honra, me hacen grande agravio y vituperio: por cuanto que el pecado no puede ser causa de bien alguno;... y aquellos me dan gran honor que dicen que soy Madre de Dios porque Dios quiso ser hombre... y aquellos que dicen que yo no sería Madre de Dios si no hubiese sido por el pecado, dicen que el fruto de la Maternidad no es mi Hijo Jesucristo" (37)

¿ Cuando rectificó su primera idea? No es muy fácil averiguarlo; pero rastreando en sus escritos se observa que en las obras de su primera época no contempla otra encarnación más que la motivada por la redención de la humanidad. Presentaré textos de las principales obras en que expresamente toca la cuestión, para ir cotejando sus expresiones y poder observar la evolución en la idea principal. Ningún autor, que yo sepa, la ha señalado hasta ahora; el mismo insigne lulista y meritísimo vndicador de Lulio, Padre Pascual, no ha reparado en ella, y aunque notó que "la doctrina de Lulio de que Jesucristo es el fin de todo el universo es tan trillada que casi no hay un libro suyo en que no la profese"(38), no observó que esa doctrina es común a las dos teorías sobre la finalidad de la encarnación, y, por tanto, no afecta a la evolución doctrinal de Lulio sobre la cuestión.

He aquí los textos:

A) Acabamos de ver tres tomados de su obra fundamental, testigo de su primera formación y fruto maduro que contiene en germen toda la futura producción luliana: La Contemplación en Dios. Pondré alguno más, de tantos como se podrían aducir:

"Si el pecado no fuese general no hubierais tenido Vos la misericordia de tomar carne humana"(39)
Y para que se vea cómo desde el principio junta con su opinión de entonces (la hoy llamada tomista) acerca del motivo principal de la encarnación, conceptos que después de cambiar de opinión seguirá exponiendo, porque son comunes a ambas doctrinas, nótese que en el mismo capítulo 183 dice también que sin el pecado original no hubiera habido un individuo humano más amado de Dios que todas las criaturas, y el mayor amador que puede Dios tener:

"...para que este amor tan grande hubiese entre criador y criatura quisisteis, Señor, estar unido a criatura; la cual unión no hubiera si el pecado no fuese general en la especie humana"(40)
Y lo mismo en todo el resto de la obra; el Verbo se encarnó para juntar las naturalezas divina y humana; la humanidad de Cristo es mucho mejor y más noble que todas las demás criaturas, y más que todas juntas ama a Dios(41); pero siempre la encarnación la concibe como motivada por la redención.

Trata del amor de los ángeles al santísimo cuerpo de Cristo,
"que ha redimido la especie humana"(42)

Al final de la obra, cuando ya germina en su mente el Arte Magna, y a la caldeada y elocuente exposición comienza a sustituir la algebraica combinación de letras que representan conceptos, la encarnación (representada por la letra D) y la no encarnación (letra E) significan siempre la idea encarnación para redención, aunque aparece también en germen, sin desarrollo, y, por tanto, sin el predominio que luego tendrá la idea de "el ordenamiento del mundo" por la encarnación:

"...encarnación y pasión y redención y ordenación que el mundo toma por la Encarnación"(43)

B) En el libro de Doctrina pueril, destinado a su hijo y escrito hacia 1279(44), dice:
"Jesucristo vino al mundo para recrearlo y para levantar al humano linaje, que había caído, y que fue levantado con la verdadera unión de naturaleza divina y naturaleza humana, y con el trabajo y pasión que soportó por amor nuestro"(45)

C) En 1275 ya tenía escrita su típica obra De Demostracions, conocida en latín con el título que le dio la edición Maguntina: Mirandarum demonstrationum. En ella de tal modo liga ambos misterios que ni por asomo plantea la cuestión de encarnación sin redención. Véase el prólogo del libro IV, libro dedicado a demostrar a los infieles la Encarnación; dice que ésta es tan necesaria para la redención como el Soberano Bien para la creación y sustentación, y aclara este concepto en el número VIII, 5, con estas palabras:

"...pues si el Soberano Bien es apetecido por los vegetales y por los irracionales para conservación, a la humana especie, que está corrompida por el pecado, conviene que sea apetecible para reparación."
D) Da, cierto, razones que podría igualmente alegar si la encarnación no tuviese por finalidad la redención, y, con efecto, los seguirá usando cuando varíe de opinión; pero entretanto los mezcla y trenza frecuentemente con referencias ala reparación del linaje humano, de suerte que es patente que no contempla sino siempre unidos y en mutua dependencia ambos misterios. Así, por ejemplo, dice:
"La criatura recibe más poder por la recreación que por la creación..., y el soberano Hijo tomó carne con tal que el mundo por virtud de aquella encarnación fuese reparado"(46)

Todo el VIII, intitulado De mayor justicia, trata de la encarnación como reparadora de la justicia divina, ofendida por el pecado de toda la especie humana; y el X, De mayor misericordia, presenta al Hijo encarnado para sanarla; y así por todo el libro IV, es más, llega a decir (XXVIII,2), que si la encarnación es el perfeccionamiento de la obra creadora, el más alto grado de ese perfeccionamiento ha sido morir el Hombre-Dios para reparar la naturaleza humana; y, ¿ que más?, del hecho de la divina encarnación arguye demostrando la existencia del pecado original (XXXIII), lo que ciertamente no haría si concibiese una encarnación que no tuviese por finalidad la redención.

E) Me he de detener, sin embargo, en un párrafo de esta misma obra De Demostracions, porque presenta especial dificultad, y, además, nos muestra cómo se va elaborando lentamente en el pensamiento de Lulio la nueva doctrina que luego abrazará y profesará constantemente.
En él dice Lulio:

"El hombre es el fin de todas las criaturas que están debajo de él en cuanto a nobleza; es, a saber, las plantas, los metales y los irracionales...; y porque el Supremo Bien es el fin del hombre, conviene que un hombre sea el fin de todos los individuos de la especie humana y que el Supremo Bien sea el fin de este hombre; porque así como el hombre es medio por el cual el Supremo Bien es el fin de las plantas, los metales y los irracionales, así necesariamente conviene que un hombre sea el medio por el cual el Supremo Bien sea el fin de todos los hombres; y si sin ese medio el Supremo Bien fuese fin de todos los hombres, seria perfección de todos ellos; y si así fuese, no usaría de justicia en hombres pecadores y justos, porque todos tendríamos la gloria; mas porque un hombre es fin de todos los hombres, y para este hombre, o sea Jesucristo, es fin el Supremo Bien, por eso ese hombre es fin para todos los bienaventurados por influencia de la unión del Hijo de Dios y ese hombre; y los hombres pecadores e injuriosos son dignos de pena, por cuanto son lo opuesto del fin para que fueron creados"(47)

Este argumento prueba la conveniencia del hecho actual conocido por fe (conformes fieri imagini Filii eius); pero no prueba, tal como se da aquí, la inconveniencia de haber Dios adoptado otro plan, porque así como Adán, sin ser Hombre-Dios, fue cabeza de todos y medio de transmisión de pecado como pudo serlo de justicia, y así como el hombre, sin ser Dios, es fin subordinado e inmediato de los seres inferiores, así un ángel o un nuevo Adán podía haber sido medio entre Dios y los hombres sin ser Hombre-Dios; por tanto, el argumento no sirve para probar la Encarnación, por causa de la injusticia que habría, a juicio de Lulio, para con justos y pecadores, pues aunque para tal justicia se necesitase un hombre que fuese medio, no era imprescindible que en él encarnara Dios(48). No dice Lulio que fuera imprescindible. Por eso no quiero tocar aquí si Lulio erró en pretender demostrar la necesidad de la encarnación por vía de necesidad moral, por cuanto lo contrario implicaría la inmoralidad, es, a saber, injusticia. Baste ahora indicarlo; oportunamente completaré el pensamiento.

F) En 1283 escribió el Blanquerna, y en el Arte de Contemplación con que pone fin a la obra dice:
"Para demostrar todo eso (las infinitas perfecciones divinas) quiso vuestra sabiduría crear una criatura mejor y mayor que todas las otras criaturas y virtudes criadas, y quiso el Hijo de Dios ser una persona con aquella criatura";

pero lo liga inmediatamente con el pecado de Adán y la pasión y muerte redentora, y repite varias veces, y siempre unidas, las palabras "encarnación" y "pasión"(49)

G) Bien se ve que Lulio no desliga todavía ambos conceptos, e igual se han de interpretar obras anteriores, en que emplea razones que cuando los desligue seguirá usando; así, en 1282 (?), vuelve a decir que uno de los fines de la creación había sido que su Hijo fuese conocido y amado(50).

H) Y en la misma obra, escrita para su hijo, expone de igual modo varios fines de la encarnación: mostrar a ángeles y hombres la grandeza de la bondad, del pode, de la caridad, etc. de Dios; hacer una criatura unida personalmente a Dios, la cual lo conociese y amase de la manera más perfecta asequible a un ser creado; exaltar el poder de una criatura todo cuanto es posible; glorificar más la naturaleza humana por medio del Hombre-Dios, y, por último, la redención del hombre, que había perecido y caído en la ira de Dios por el pecado del primer padre; pero aquí añade que no es conveniente que esta intención sea primera y la de mostrar Sus virtudes segunda y como ordenada a aquélla; porque la misma justicia, que es la razón de la redención, tiene por fin primero la manifestación de la bondad y sabiduría divinas y por secundario la redención(51). Pero esto es doctrina común a ambas tesis; no afecta a la división de opiniones; no valdría aducir ese texto como prueba de que Lulio defendía la encarnación sin necesidad de redención.

I) En otra obra (escrita según unos en 1285, y años antes según Obrador), dice:

"Un recreador de cuanto existe - se hizo hombre en una virgen - con una tal condición - que viniese a salvación - el género humano perdido." "Hay un Hijo de Dios en deidad, - hijo de su hija, Cristo llamado - que es por su padre enviado - a ser nuestro salvador."

En toda la obra no considera la encarnación sino como motivada por la redención. Sin embargo, como flor de gentileza dedicada a María Santísima, y acaso como claror de aurora, nuncio de la luminosa idea que pronto dominará en la mente de Lulio, exclama:

"El mundo tiene un solo creador - que lo ha creado para hacer honor - a la doncella su Madre"(52)
Lo mismo se diga de la redacción en prosa de otras Horas de Nuestra Señora, obra gemela de la anterior(53).

Si nos fijamos en los datos que he ido presentando de las obras de Lulio, podremos distinguir dos etapas. En la primera, representada por el Libro de Contemplación en Dios y demás textos que he marcado con las letras A, B, C, G, I, observaremos que como finalidad de la encarnación campean la idea de la redención, la de la manifestación de las virtudes de Dios y de Jesucristo, clave de la creación(54); esta época corresponde a las primeras producciones de Lulio, hacia 1270-1271. En la segunda (textos D, E, obras escritas hacia 1275, sigue siempre dominando la idea de redención, pero van tomando cuerpo otros conceptos, especialmente el de un Hombre constituido en fin de todos los hombres, y cuyo fin sólo es Dios, para que por él se salven los que han de alcanzar el último fin. Y desde el principio hasta 1284 al propósito de la redención se empareja la idea de una criatura mejor y mayor que todas, la más amante de Dios, la más digna de ser conocida y amada, la más poderosa y excelsa, gloria de la naturaleza humana (textos A, F, H).

No hay duda que la mente de Lulio aparece ya excelentemente dispuesta para prescindir de la redención como finalidad principal de la encarnación; pero por ahora no parece vislumbrar siquiera la posibilidad de una encarnación que no sea para redimir. Como si desconociera la tesis del Abad Ruperto y las cuestiones planteadas sobre ella por San Alberto, San Buenaventura y Santo Tomás.
*
¿ Fue en Roma o fue en París donde, ya por adquirir conocimiento de ese problema, ya por espontánea inspiración propia, brilló en su mente la idea y se enamoró de una encarnación del Verbo no supeditada a la reparación del pecado, e hizo suya esta doctrina?
A mi juicio, fue en Roma, porque allí creo que escribió en 1285 su obra rimada Els cent noms de Déu, en la que por primera vez presenta como finalidad del acto creador la encarnación.

"Jesús es hombre y deidad para que Dios sea participado por todo cuanto ha creado." "Jesús, por Ti principalmente existe el mundo creado de la nada, para honra tuya." "El mundo no estaría establecido en grande bondad si no fuese deificado por hombre en que Dios se hiciese hombre."
El fin por el que Dios lo ha creado todo es

"... recordar, conocer, amar y honrar a Dios, y por un hombre deificar al mundo." "Dios ha ordenado el mundo para encarnarse"(55).

Y después, en 1286, escribe en París una de sus más interesantes obras: Félix o Las maravillas del mundo. En ella asimismo presenta la encarnación ligada a la creación, cuya finalidad es que Dios sea conocido y amado, para lo cual ningún medio mejor que reunir en una misma persona las naturalezas divina y humana; en lo creado se refleja la sabiduría divina, y

"... la mayor sabiduría que puede tener una criatura es saber de sí misma que es una persona con el Hijo de Dios, y saber que cuantas criaturas existen han sido creadas para que ella se Hombre-Dios"
Sólo cuando ha terminado de desarrollar ese argumento es cuando toca la pasión y muerte de Jesucristo como otro motivo de conocer y amar a Dios(56)

Desde entonces, es a saber, desde 1285, si se admite que en ese año escribió Los cien nombre de Dios, o, en caso contrario, desde 1286, aparece manifiesto el cambio de opinión de Lulio en cuanto a la finalidad de la encarnación; se diría que hasta esta fecha la mente de Lulio se compendiaba en esta cifra: encarnación para redención, que en adelante quedará suplantada por esa otra: creación para encarnación, hasta el punto de que en 1308 escribirá:

"Sin la encarnación Dios no habría podido disponerse a crear el mundo que es finito y nuevo; como el fin de ganar un florín, que no sería suficiente para fabricar una nave que costase mil marcos"(57)

En el mismo año de 1286 escribía, también en París, que por la encarnación los divinos atributos se dan y son participados y obran en las criaturas de la mayor y más excelsa manera; es, por tanto, la más alta manifestación divina; mediante la unión máxima posible con la naturaleza humana comunica Dios con todas las criaturas en cuanto a la naturaleza y en cuanto al fin por que creó el mundo(58). Considera después a Dios como Ente Supremo, y la congruencia de unir a Sí en unidad de persona una criatura, la más alta de todas, fin de todas ellas y que pudiera del modo más excelente entender y amar a Dios más que todo espíritu creado y en representación de todo lo creado, y a la par hacer a todas las criaturas, compendiadas en Cristo, objeto del mayor amor de Dios. Conceptos netamente paulinos, que desarrolla Lulio en largos párrafos(59). Y prosigue luego aduciendo extensas y sutiles razones, así como resolviendo las dificultades que le opone el infiel con quien disputa, y en ninguna de ellas toca, ni someramente siquiera, la redención: todo lo refiere a la finalidad de la creación. Abusa Lulio, es cierto, de un optimismo de tipo anselmiano; parece aducir razones cuyo fundamento es la necesidad absoluta de la encarnación; pero no debe olvidarse que, aunque parezcan tan apriorísticas, todas ellas parten del supuesto de que por la fe damos cierto el hecho de la encarnación; por eso lo primero que dice antes de aducir sus pruebas de razón es:

"Suppono quod Deus sit incarnatus."

Lulio, ciertamente, tanto en este pasaje como en otros semejantes, no afirma necesidad absoluta, sino necesidad ordenada, respectiva y secundum quid; él mismo lo dice expresamente(60), y con plena suficiencia lo demuestra, vindicando a Lulio, el Padre Pascual(61). Como no trato de defender la doctrina de Lulio ni de demostrar aciertos ni desaciertos suyos, no me he de parar en esto; lo que hace a mi empeño es exponer que en todas estas razones no toca ni de lejos la redención al tratar de la encarnación; sólo contempla ésta como finalidad del acto creador, hasta que por fin, en el número 16, habla de la redención y dice:

"Dios lo creó todo para sí, fin supremo, pues no puede amar nada tanto como a si mismo; y subordinado a ese fin creó a Adán, y en é, a toda la humanidad, para la bienaventuranza; aquella finalidad no pudo desviarla Adán, pero se desvió é de la felicidad eterna, "fin subordinado al primero, bajo el cual lo creó todo, EL CUAL FIN ES QUE DIOS SEA HOMBRE Y EL HOMBRE SEA DIOS, fin que no puede ser mayor para toda criatura; y así todo lo creado tiene su fin principalmente en esto: que Dios sea hombre y el hombre sea Dios; y por tanto, si este fin encontró a la humana naturaleza desviada en algo contra él, convino que la rectificara, ya que era el fin principal de la naturaleza humana". "Y se encarnó Dios más principalmente por la humanidad que asumió que por el resto de la naturaleza humana y más que por la restauración de la misma"(62)

En 1289, en una obra muy importante, de carácter filosófico-enciclopédico, dice ya paladinamente que aunque no hiciese falta redimir habríase encarnado el Verbo; he aquí sus palabras:

"Si la redención humana hubiese sido más principal fin que la ostensión y el amor divino, seguiríase que si no hubiese habido pecado original no se habría encarnado Dios, mas por haber habido pecado original convino que encarnase para redimir al género humano; de donde se deduce que la contrariedad que hay entre Dios y el hombre caído sería la necesidad de la encarnación de Dios; y así el fin de la encarnación está constituido por el principio contrario a Dios, lo que es imposible."
Añade otros argumentos:

"... que Dios nos creó principalmente para Sí, y no principalmente para nosotros mismos; y de igual modo aquel hombre que Dios creó al tomar carne lo creó principalmente para Sí, y no para nosotros, o sea, para redimirnos. Item, mayor operación que redimirnos es que Dios se haga hombre y el hombre sea hecho Dios; y así fue mayor el fin la encarnación que en la redención. Item, si Dios es hombre principalmente por causa de nuestra redención y no por causa de Sí mismo, aquel Hombre unido a Dios, con ser Dios tiene más gloria en la redención que en la misma encarnación, por la cual es Dios; y así tiene mayor gloria por nosotros que por ser Dios; y, por tanto, el fin es menor por razón de mayor gloria, y mayor por razón de gloria menor; lo cual es imposible"(63).

En la que podríamos llamar escala jerárquica de las finalidades, veamos qué lugar ocupa la finalidad redentora en la nueva teoría de Lulio, porque, evidentemente, no podía dejar de admitir que el Verbo se encarnó para redención nuestra:

"El fin de la encarnación es que Dios sea hombre; esta es la primera y la más principal intención por que Dios se ha encarnado; y la segunda intención es que el hombre sea Dios; ahora bien: esta segunda intención es la primera con respecto a la redención del humano linaje"(64).

Es decir, se encarna Dios: 1º, para ser hombre; 2º, para que el hombre sea Dios, y con este objeto redime; la finalidad redentora, que era la primera y principal en la obra De Contemplación en Dios, ha pasado al tercer lugar.

En 1290 compone su embelesador Libro de Santa María, donde su mente, exuberante de savia teológica paulina, rompe en esta bella flor:

"La naturaleza de Jesucristo es más alta y más noble que todas las demás naturalezas creadas; porque es fin, perfección y principio de toda criatura; porque todo lo ha creado Dios para que lo vistiese aquella naturaleza humana que nació de nuestra Señora"(65)

En ese mismo libro escribe, abundando en su idea de creación-encarnación:

"Si nuestra Señora no existiese, Dios no fuera hombre; y si Dios no fuese hombre no habría creado el mundo, como quiera que para que Dios fuese hombre creó el mundo"(66)
Hacia 1293 escribe en Nápoles:

"Cuanto Dios creó, por causa de Jesucristo lo creó, y según que conviene a Cristo proporcionó la sustancia y las partes del mundo"(67)

De qué excelente modo la encarnación eleva a su grado más alto y perfecto la creación, expónelo en diversos pasajes; véase, por ejemplo, en su obra De quinque sapientibus escrita en 1294(68).
Vuelto nuevamente a Roma en 1295, escribe allí su enciclopedia Árbol de Ciencia, a la que siguen incontinenti los Proverbis de Ramon; en ambas obras da la misma doctrina; citaré sólo algunos proverbios de la segunda:

"No podría hombre ser Dios si no fuese fin de toda criatura";
"quiso Dios ser hombre para participar con todas las criaturas";
"ninguna criatura vale tanto en sí misma como en Jesucristo";
"todo el mundo es creado y proporcionado a Jesucristo";
"la encarnación es el fin de toda participación creada"(69)

Ya hemos visto, cotejándole con varios del libro De contemplación en Dios, un texto de Árbol de Ciencia en que paladinamente aparece la nueva doctrina de Lulio; he aquí otros dos:

"Cuéntase - dijo Ramón - que cuando Dios creó el mundo, éste le preguntó para qué lo había creado. Respondió Dios diciendo al mundo que lo había creado para hacer de Él un hijo que fuese hermano del Hijo de Dios, y para hacer del mundo una Mujer que fuese Madre del Hijo de Dios. Y entonces rió el mundo y estuvo alegre, y dijo que le era grande honra que haya una parte suya que sea Dios y otra parte que sea su Madre"(70)

"Si hay encarnación, hay gran conjunción del Principio y el Fin; porque la gran conjunción está en el Medio, en el cual se conjuntan el Creador y la criatura. El cual medio, pues, consiste entre el Principio y el Fin; y en él se hace la influencia del Creador, existiendo el medio, el sujeto y una persona. Y para que la Grandeza pueda ser suficiente a tan gran medio y a sujeto tan grande, es necesario que sea la encarnación."

"La encarnación es para que se el Fin grande de la criatura; porque si es la encarnación, una criatura está puesta en Grandeza tan grande del Fin que no puede ser mayor: existiendo aquella criatura conjunta con la naturaleza divina, y con ella en unidad de persona es el Fin y cumplimiento de todo lo creado. El cual fin y cumplimiento no podría ser criatura alguna si no estuviese unida con la naturaleza divina y fuese con ella una persona"(71)

Comentando el texto marcado con la letra E) indiqué un tema delicado, que es ya el momento de tocar. Las líneas finales del último texto que acabo de transcribir dicen claro el pensamiento luliano y completan las palabras del texto E). El medio de unión de los hombres con Dios no puede ser más que un Hombre-Dios. Y entonces la necesidad de que en aquel texto hablaba Lulio es de orden moral, para evitar injusticia por parte de Dios, que así habría tenido que encarnarse necesariamente.

No es ésta ocasión de estudiar a fondo tal cuestión, que ella sola se llevaría excesivo número de páginas; me limitaré a volver por Lulio para que no se toque su ortodoxia, y le pongo por escudo y defensa su maestro San Anselmo.

En efecto, todo cuanto dice Lulio de necesidad de la encarnación ya lo dijo antes el Santo Obispo benedictino, y más larga y detenidamente. Dedica su libro Cur Deus homo a demostrar por razones necesarias la encarnación. Dice en la prefación del mismo que la segunda parte del primer libro,

"...remoto Christo, quasi nunquam aliquid fuerit de illo, probat rationibus necessariis esse impossibile ullum hominem salvari sine illo. In secundo autem libro similiter, quasi nihil sciatur de Christo, monstratur non minus aperta ratione et veritate naturam humanam a hoc institutam esse ut aliquando immortalitate beata totus homo, id est in corpore et anima, frueretur: ac necesse esse ut hoc fiat de homine propter quod factus est; sed nonnisi per hominem Deum, atque ex necessitate omnia quae de Christo credimus fieri oportere"(72)

He ahí el maestro y el modelo de Lulio. Como éste, habla San Anselmo a cada paso de la necesidad, del poder y de la voluntad de Dios en orden a la Encarnación. Dice que el hombre tiene que llegar a la unión con Dios, o sea al fin para que fue creado, y sólo se puede lograr eso por un Dios-Hombre; la diferencia está en que la argumentación de San Anselmo supone el pecado original y no ve otro medio de satisfacer por él más que la encarnación en carne pasible; así lo veía también Lulio en su primera época; pero luego Lulio contempla la Encarnación como complemento de la Creación y único medio de que todo lo creado consiga su fin.

Pero la necesidad la asienta San Anselmo sobre argumentos que llama necesarios:

"...videtur quasi cogi Deus necessitate",

dice su discípulo Boson en el diálogo socrático que es todo el libro, y el Maestro no lo niega; antes bien, lo explica:

"...necessitate servandae honestitatis, quae non est aliud quam immutabilitas honestitatis eius"(73)

Lulio, en otra obra, escrita en 1296(74), aunque toca la Redención como sexto de los artículos que pertenecen a la Divinidad, antes que la Encarnación, primero de los que pertenecen a la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, sin embargo, al pretender demostrar la Encarnación la presenta como el mayor y mejor fin que pudo Dios proponerse al crear el mundo, y como Su obra suma y más noble, en la que se une a Dios toda criatura por la naturaleza humana, que es la única que reúne en sí todo lo creado. Sólo después que ha expuesto así su idea de creación-encarnación toca la de la encarnación-redención, por la necesidad de que el redentor fuese persona humana y divina, que por ser Dios pudiese y por ser hombre debiese dar reparación. Y en seguida torna al primer concepto, que trasciende sobre la redención y tiene igual fuerza aplicado a la naturaleza antes del pecado que después, presentando la encarnación como la mayor muestra de amor.

En 1297, en París, y para ofrendarlo al Rey de Francia, escribió el libro Contemplatio Raymundi; en él expone también su concepto de creación-encarnación; la finalidad de ésta fue unirse en el hombre con todo lo creado; por eso se humanó, y no se angelicó, pues en el ángel no hay naturaleza corpórea; al Dios-Hombre contempla como fin y perfección de toda criatura, y aduce las palabras de San Pablo:

"...propter quem omnia, per quem omnia sunt"(75)

La misma doctrina de creación-encarnación da en 1298, en obra escrita en París, diciendo que

"... en la humana naturaleza que asumió puede Dios ser el fin de todos los entes corporales mediante el alma de Cristo unida al cuerpo, sin la cual no pueden todos los seres corpóreos alcanzar el fin, como quiera que Dios es inmóvil, inelementable, invegetable, insensible, inimaginable, y en cambio es memorable, inteligible e amable"(76)

En julio de 1299, contestando por escrito al Maestro Tomás, canónigo de Arrás, dice:

"Como quiera que Dios ama con grandeza de bondad todo el universo creado, porque es efecto suyo, quiso Dios tomar carne para ser parte del universo y participar naturalmente con todas las criaturas; porque la causa ama más su efecto si quiere causarlo y serlo y participar naturalmente con él, que sí quiere causarlo, pero no ser él mismo ni participar naturalmente con él; y por tanto creó Dios todas las cosas para el mismo Cristo bendito, y todo lo creado está proporcionado a Él en cuanto hombre; y en Cristo todos los seres espirituales y corporales, excluidos los condenados, descansan en Cristo respecto del fin último"(77)

En 1299 y 1300, en dos nuevas obras rimadas, abunda en los mismos conceptos; la segunda es Medicina de Pecado(78); la otra, Lo Dictat de Ramon, en ambas parece deleitarse en presentar condensadas en abreviadísimo compendio versificado las razones de su teoría; aunque no cita a San Pablo, palpitan en las de Lulio las palabras del Apóstol: 

"per quem fecit et saecula"(79):
"... más vale deificar un hombre que crear mil millares de mundos";
"el poder absoluto en crear no tiene orden sin la encarnación";
"conviene que Dios al crear ame la finalidad mayor"
"si Dios no se hiciese hombre ningún cuerpo tendría en él su fin";
"porque Dios se ha hecho hombre es más conocido y más amado";
"conviene atribuir a Dios aquello por lo que el hombre puede mejor servirle"; etc. etc. (80)

Lo mismo dice del fin de la creación, rotunda y terminantemente, en otra obra de 1300(81)

La misma doctrina de creación-encarnación da en otra importante obra de 1303; baste sólo este pasaje:

"Porque Dios se ha encarnado la creación del mundo ha sido exaltada al mayor fin que pueda darse; es a saber, que el mundo se ha creado para que Dios se hiciese hombre, y el hombre, Dios"(82)

Y en su conocida obra De ascensu et descensu intellectus escribe en 1304:

"Cuando Dios creó el mundo su entendimiento conoció el mayor fin para el cual lo creó; este fin mayor es hacerse Él hombre y que el mismo hombre fuese Dios"(83)

Igual doctrina enseña en un opúsculo escrito en Montpeller en 1308(84)

¿ Para qué aducir más textos?
*
Lulio, al parecer, abraza esta opinión hacia 1285; desde entonces la sostiene siempre; su idea fundamental, calcada en las enseñanzas de San Pablo, es la predestinación de Cristo, tanto en lo natural como en lo sobrenatural, en el orden de la naturaleza y en el de la gracia; el principio y el fin de la creación y de la glorificación es Cristo, propter quem omnia, per quem omnia, in quo omnia.

Es la misma teoría de Escoto; incluso su famoso orden del divino querer está ya en la doctrina de Lulio.

Pero Escoto no enseña en París hasta 1306.

Aunque la teoría no es original de Lulio, nadie la ha desarrollado tanto como él ni antes que él.

Más que escotista, debería llamarse luliana.



Leopoldo Eijo Garay
Obispo de M. A.

lunes, 15 de septiembre de 2014

LAS RIQUEZAS Y TESOROS DEL VATICANO

No figuraría en la lista de las 500 empresas más ricas del mundo

La revista Fortune desmiente el mito de las "grandes riquezas" del Vaticano



Los cardenales perciben un salario medio de 46.000 dólares al año

Redacción, 14 de septiembre de 2014 a las 17:27

 Sus finanzas son mucho más frágiles y su situación económica es mucho más modesta que su imagen de lujosa riqueza

En su artículo titulado "This pope means business" ("Este Papa va en serio"), Fortune indicó que "a menudo se asume que el Vaticano posee una gran riqueza, pero si fuera una compañía, sus ingresos no la acercarían a formar parte de Fortune 500".
La lista de Fortune 500 está encabezada este año por la multinacional Wal-Mart, que registró 476,294 millones de dólares de ingresos, y con la gigante de la tecnología Apple en el 5 lugar, con 179,919 en ingresos.
El último puesto de su lista lo ocupó la empresa United Rentals, con un reporte de ingresos de 4,955 millones de dólares.
Fortune señaló que el presupuesto operativo del Vaticano es de apenas 700 millones de dólares, y "en 2013 se registró un pequeño superávit global de 11,5 millones de dólares".
La revista estadounidense señaló además que la mayoría de los activos más valiosos del Vaticano "algunos de los más grandes tesoros de arte del mundo, son prácticamente invaluables y no están a la venta".
"La Iglesia Católica es altamente descentralizada financieramente. En términos de dinero, el Vaticano básicamente está por su cuenta. Esa es una importante razón por la que sus finanzas son mucho más frágiles y su situación económica es mucho más modesta que su imagen de lujosa riqueza".
El Vaticano, indicó la revista económica, no tiene acceso al dinero ni de las diócesis ni de las órdenes religiosas.
Explicó que "cada diócesis", en términos económicos, "es una corporación separada con sus propias inversiones y presupuestos, incluyendo las arquidiócesis metropolitanas".
Fortune señaló que las diócesis de todo el mundo "mandan cantidades importantes de dinero al Vaticano cada año, pero la mayoría de éste está destinado para trabajo misionero o las donaciones de caridad del Papa".
El Vaticano, indicó, "paga salarios relativamente bajos, pero ofrece beneficios generosos de salud y de retiro".
"Los Cardenales y Obispos en las congregaciones y consejos a menudo reciben tan poco como 46 mil dólares al año".
"A los soldados rasos, incluyendo monjas y sacerdotes, también se les paga sueldos menores a los del mercado", publicó la revista, pero subrayó que "los empleados del Vaticano no pagan impuestos por ingresos".
"Los empleados laicos del Vaticano tienen trabajos de por vida, y virtualmente nadie se va antes de la edad de jubilación", señaló. (RD/Agencias)


jueves, 28 de agosto de 2014

Liturgia del Viernes Santo antes de la reforma de Pío XII

Lo primero que ha que decir que esta Liturgia se denominaba antaño como Viernes en Parasceve, no Viernes Santo. Es el primer cambio con el que nos encontramos y que se mantiene en nuestros días. 


Empecemos por el altar. El altar aparece desnudo, más o menos como en la foto, adornado por una cruz velada - preferentemente con un paño negro aunque también puede ser violeta – y seis candelabros, tres a la siniestra y tres a la diestra de la cruz.

martes, 19 de agosto de 2014

Comulgamos, en Gracia o en desgracia?

¿Comulgamos en Gracia de Dios o en Desgracia de Pecado Mortal?



¿Comulgamos, en Gracia o en desgracia? 

¿Nos preparamos interiormente para recibir al Señor o vamos hechos un desastre con la peor de las disposiciones?

Hoy en día, temas como el Ayuno Eucarístico o la conciencia de pecado, parece que no están vigentes entre nosotros, los Católicos.

Hace unas semanas, observaba, en un ágape matutino, antes de una Misa Patronal, como la gente comía y bebía, casi desenfrenadamente y cuando una persona reparó en el hecho del horario, de la Misa y de la Comunión, otra le increpó diciéndole que eso, ya no estaba vigente, “que eran cosas de antes”.

Me pregunto en que lugar nos documentamos, a quien escuchamos o sencillamente en qué momento de nuestra vida, hemos perdido el norte y hemos olvidado lo que nos enseñaron y que por supuesto, sigue vigente. No se trata más que de llevar una vida de fe, coherente a lo que manda la Santa Madre Iglesia, por no hablar de sensibilidades y afectos como los que sentía Teresita de Liseaux, varios meses antes de Comulgar. De eso, ciertamente, estamos muy lejos. 

“Aproximadamente un mes después de mi primera comunión, fui a confesarme para la fiesta de la Ascensión, y me atreví a pedir permiso para comulgar.” (Teresita de Liseaux)

Sobre el pecado, el tema, todavía resulta más irrisorio. Recuerdo en una ocasión en la que alguien me  preguntó por qué razón no había Comulgado ese día. A la indiscreción de la pregunta se une la ignorancia en las cosas de Dios. No tenemos conciencia de pecado y nos parece que el que está a nuestro lado es un Santo, simplemente por acudir regularmente a la Santa Misa, por no matar a nadie y por no robar…esta idea pueril es la que tenemos hoy en día, sobre el pecado. Analfabetismo Católico, puro y duro

¿Los Confesionarios son lugares turísticos dentro de la Iglesia, o tienen una finalidad?

¿Qué nos está pasando que ni siquiera el Sacerdote puede recordar durante la Santa Misa que es necesario confesarse, porque puede molestar a alguien? ¡Qué delicadeza la nuestra! 

Ojala tuviéramos esa misma sensibilidad interior, a la hora de examinarnos
Comulgamos proactivamente, “¿A donde vas, Vicente? A donde va la gente”. 

No pensamos si nuestra alma está limpia para Jesús y en vez de ofrecerle el mejor aposento, nos acercamos a Él, hechos un asco: con el desayuno en la garganta y enfadados con el vecino…Pero bueno, no tenemos pecados, no…Lo que tenemos es mucha ignorancia y mucha falta de amor a Dios, porque nos tendrían que caer hasta las lágrimas de vergüenza, si pensáramos detenidamente, como nos presentamos para recibir a Nuestro Señor…Y resulta que, no sólo no nos avergüenza, sino que en ese estado de desgracia, Comulgamos.

Vivimos con una deformación espiritual que ni siquiera es infantil, porque los niños, precisamente, acuden en Gracia de Dios y no por su condición de niños, sino por su conocimiento y asimilación de lo que les enseñamos en el Catecismo.

Y así, hemos llegado a lo que estamos viviendo, auténticos sacrilegios. En los funerales, Primeras Comuniones y Bodas, gente que a lo largo de todo el año no entra en la Iglesia, se acerca como un Superman, volando hasta al Sacerdote y Comulga. ¿Somos conscientes de que es el mismo Dios, el que se nos presenta en la Hostia o pensamos que, simplemente, es un banquete al que todos estamos invitados, sin más? Y lo peor de todo esto, no son los que nunca acuden a Misa y el día que lo hacen quieren triunfar, no, el problema somos los que estamos dentro, que nos estamos volviendo, no sólo tibios, sino auténticos catetos
“Yo busco un corazón puro, y allí es el lugar de mi descanso. Prepárame una sala grande y adornada, y celebraré contigo la pascua con mis discípulos. Si quieres que venga a ti y me quede contigo, arroja de ti la levadura vieja, y limpia la morada de tu corazón. 

Desecha de ti todo el mundo, y todo el ruido de los vicios. Pues cualquier persona que ama, dispone a su amado el mejor y más aliñado lugar:”(Tomás de Kempis. “Imitación de Cristo.” )


SONIA VÁZQUEZ
LA CORUÑA (ESPAÑA)