sábado, 27 de noviembre de 2010

CANDELEROS Y CANDELABROS



Candelabro

Candelero: Es el mobiliario Litúrgico que se utiliza para sostener el cirio de un solo cuerpo o individual.

Todo altar católico consagrado debe tener al menos seis candeleros.

Candelabros: Es el mobiliario Litúrgico que posee dos o más brazos para sostener igual numero de cirios.


Los candeleros para la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, deben ser colocados de manera simétrica a ambos lados del crucifijo, directamente sobre el altar o cerca de el.

Han de ser candeleros individuales pues no está permitido usar candelabros de brazos, por ejemplo un candelabro de tres brazos a cada lado de la cruz, ni menos aún reemplazarlos por apliques fijados al retablo o al muro.

Normalmente los candeleros del altar constan de tres elementos: un basamento o pié que lo sostiene, un tallo o vástago más o menos alto y un cajillo donde se inserta el cirio (o a veces una punta donde se lo clava). El cajillo suele llevar en su base un platillo para recoger la cera derretida. 

La altura de los candelabros debe ser proporcionada a la de la cruz de altar, en concreto: deben llegar aproximadamente a la altura de la punta de abajo de la cruz, lo que significa que han de ser tan altos como el tallo sobre el que se asienta la cruz de altar. 

Generalmente, si se trata de un juego completo, el vástago de los candelabros y el de la cruz tienen la misma forma y el mismo tamaño.

Sobre los candeleros han de disponerse los cirios. Los cirios que se ponen en el altar han de ser completamente de cera o de cera en su mayor parte.

Se tolera el uso de tubos que imitan los cirios verdaderos y que contienen cera en su interior o parafina liquida o aceite.

El grosor y la altura de los cirios es una cuestión estética y dependerá de la altura y estilo de los candeleros.

Estos objetos litúrgicos deben estar constituidos por material Noble y Decente como la plata, el bronce o el oro.

Numero de Candeleros para la Celebración de la Santa Misa

Para la celebración de la Santa Misa se deben encender un numero de cirios dependiendo del día litúrgico y con el objeto de señalar el grado de importancia del acto que se celebra:

  • Ferias: En de los días feriales han de encenderse al menos 2 cirios sobre el altar. ( Los más próximos al crucifijo del altar)

  • Festivos: En los días festivos han de encenderse al menos 4 cirios sobre el altar.
  • Solemnidades: Los Domingos y Solemnidades importantes, han de encenderse al menos 6 cirios.
  • Pontifical: Para la Santa Misa Pontifical, es decir la celebrada por el Papa o por el Obispo del lugar, han de encenderse al menos 7 cirios, este último será colocado en la parte posterior del Cristo en el centro del Altar.  La razón de este séptimo candelero, es para ser signo de que los Obispos poseen la plenitud del Sacerdocio de Cristo y por ello pueden administrar los siete sacramentos.

Candeleros y Candelabros para la Exposición del Santísimo


  • Mayor o Solemne: Para la Exposición Mayor Solemne del Santísimo se encenderán 12 Cirios. En este caso se utilizarán 6 al menos candeleros y los otros 6 se podrán utilizar candelabros de varios brazos.
  • Menor: Para la Exposición Menor del Santísimo, o sea en la que no se emplea la custodia, se encenderán 6 cirios que pueden ser candeleros o candelabros.

    Forma de Encender los Cirios





Altar papal

Los cirios se encenderán de la siguiente manera:

El Ministro se ubicará al frente del altar de cara al retablo (coram Deo), no de cara al pueblo, y encenderá primero el cirio que se encuentra frente al crucifijo si se trata de una misa pontifical y luego los ubicados a la derecha.

Si no es una misa pontifical se encenderá primero el cirio más próximo del lado derecho del crucifijo, luego los dos siguientes de ese lado.

Enseguida encenderá el cirio más próximo al crucifijo del lado izquierdo los siguientes: 

Gráficamente: (seis cirios) 

  6 5 4 + 1 2 3



FORMA DE APAGAR LOS CIRIOS

Para apagar los cirios de los candeleros se utilizará una copa, con la cual se ahogará la llama, esto con el propósito de impedir el derramamiento de la cera. 

Se comenzará por apagar el último cirio encendido del lado izquierdo, luego el que viene por ese mismo lado hasta llegar al más próximo del crucifijo. 

De igual manera pasará al lado derecho y se apagará el cirio más distante del crucifijo, luego el que viene para terminar con el más próximo al crucifijo del lado derecho, de tal suerte que el primer cirio encendido debe ser el último en apagarse.

Gráficamente: (seis cirios)

3 2 1 + 6 5 4




Empobrecimiento de la liturgia

Hoy es frecuente ver que se coloquen los cirios de un solo lado del altar, lo cual empobrece y ensombrece el sentido del Santo Sacrificio de la Misa. 

El poner los cirios a ambos lados del altar tiene una simbología importante, sacrificial, dado que evoca el sacrificio que Dios mandó realizar a Moisés y a su pueblo entre luces (Ex 12, 6), o también lo del profeta Malaquías, desde donde sale el sol hasta el ocaso (como rezamos en la Plegaria Eucarística III), y también el Sal 113, 3: ¡De la salida del sol hasta su ocaso, sea loado el nombre de Yahveh! 

Hermosísimas son las palabras de Romano Guardini evocando el sentido espiritual del cirio: 

«Helo aquí sobre el candelero. Amplio y seguro se sienta su pie sobre el altar; el tronco se yergue robusto, macizo. El cirio estrechado en su vaina de bronce y sostenido en el disco colocado de plano se lanza hacia lo alto. Poco a poco su figura parece que rejuveneciera. 

Modelado con exquisita delicadeza, es no obstante macizo. Helo ahí siempre recto en el espacio, esbelto, en su pureza intacta: sin renunciar a sus colores de tonos pálidos. Por su inmaculada blancura y su forma esbelta, el cirio se distingue de todas las cosas que lo rodean. En lo más alto se cierne la llama. Y en ella el cirio transforma su carne purísima en luz cálida y luminosa. ¿No es verdad que su vista evoca en tu espíritu una idea de nobleza? ¡Mira!... Cómo se mantiene inmóvil, arrogantemente en su sitio sin titubear, todo purísimo. Todo en él nos dice: "¡Estoy dispuesto, estoy alerta!". 

Y el cirio está, día y noche, allí donde debe estar: ante Dios. Nada de cuanto compone su ser escapa a su misión; nada frustra su fin: el cirio se entrega sin reserva. Está para eso: para consumirse. Y se consume cumpliendo su destino de ser luz y calor. "Pero, ¿qué sabe de todo eso el cirio -me dirás- si no tiene alma...?" Es verdad. Entonces tú debes darle una. ¡Haz del cirio el símbolo de tu propia alma!» (de Los signos sagrados).

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