jueves, 20 de enero de 2011

Católicos, ortodoxos y el rol del Obispo de Roma


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The REAL TRUTH -December 2008
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Presentamos nuestra traducción de un artículo del Padre Andrea Palmieri, del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, sobre el estado actual de las relaciones entre católicos y ortodoxos, y sobre los próximos pasos del diálogo teológico oficial entre las Iglesias.
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El diálogo teológico, llevado a cabo por la Comisión mixta internacional entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto, ha experimentado algunas dificultades pero, gracias a la firme voluntad de proseguir en la búsqueda de la superación de los obstáculos todavía existentes, expresada por todos sus miembros, no se ha detenido.

La comisión, que está compuesta por dos representantes de cada una de las catorce Iglesias ortodoxas autocéfalas (Patriarcado ecuménico, Patriarcados de Alejandría, Antioquia, Jerusalén, Moscú, Serbia, Rumania, Bulgaria, Georgia, Iglesias de Chipre, Grecia, Polonia, Albania y de las Tierras de República Checa y Eslovaquia) y por otros tantos representantes de la Iglesia católica, se encontró en Viena desde el 20 hasta el 27 de septiembre de 2010, bajo la presidencia del entonces arzobispo Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y del metropolita de Pérgamo, Ioannis (Zizioulas), del Patriarcado ecuménico. La reunión de Viena fue la XII sesión plenaria de la Comisión, cuya institución fue oficialmente anunciada con la Declaración común firmada por el Patriarca ecuménico Dimitrios I y por Juan Pablo II al final de la visita de este último al Fanar, el 30 de noviembre de 1979. La hospitalidad ofrecida por la arquidiócesis de Viena ha sido generosa, y preciosa se ha demostrado también la colaboración de la Fundación Pro-Oriente.

La sesión plenaria de Viena estuvo dedicada al estudio, ya comenzado en la precedente sesión de Chipre (2009), de la cuestión del rol del obispo de Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio, sobre la base de un texto elaborado por el Comité mixto de coordinación en el 2008. Con este texto – que, con una metodología fundamentalmente de tipo histórico, tomaba en consideración los elementos históricos más relevantes – se quería proseguir la reflexión sobre el tema del primado en la Iglesia universal, inaugurada con la sesión plenaria de Rávena (2007). En aquella sede, de hecho, la Comisión había aprobado y publicado un documento con el título “Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: comunión eclesial, conciliaridad y autoridad”, en el cual católicos y ortodoxos afirmaban juntos, por primera vez, la necesidad de un primado al nivel de la Iglesia universal y concordaban en que este primado correspondía a la sede de Roma y a su obispo, mientras que reconocían todavía abierta la cuestión relativa a la modalidad de ejercicio del primado, a los fundamentos escriturísticos y a las interpretaciones históricas.

Basándose en las importantes afirmaciones del documento de Rávena, la Comisión había elaborado un proyecto de trabajo, según el cual la atención se habría concentrado en el primer milenio, cuando los cristianos de Oriente y Occidente estaban unidos.

Durante la reunión de Viena, la Comisión prosiguió el análisis atento y cuidadoso de los hechos históricos y de los testimonios relativos al tema en cuestión. La búsqueda de una interpretación compartida de tales datos se ha revelado una tarea muy compleja, que ha requerido estudio profundizado y diálogo paciente. A pesar del esfuerzo, no fue posible encontrar un acuerdo para la publicación de un documento común. Algunos miembros expresaron su perplejidad frente a la posibilidad de aprobación de un texto de carácter esencialmente histórico por parte de una Comisión teológica. Ellos, como teólogos y pastores, no se sentían suficientemente competentes para expresar juicios sobre cuestiones históricas bastante complejas sobre las cuales a menudo no hay unanimidad ni siquiera entre los especialistas en la materia. Otros miembros, en cambio, subrayaron que, para permanecer fieles al mandato contenido en el documento de Rávena, era necesario examinar no sólo el rol del obispo de Roma sino también el de los concilios.

Después de una larga discusión, la delegación católica aceptó considerar el texto en examen como un instrumento e trabajo que podrá resultar útil en las próximas etapas del diálogo cuando se afronte el tema del primado desde una perspectiva más teológica. Al mismo tiempo, se decidió de común acuerdo dar vida a una sub-comisión mixta que comience a estudiar los aspectos teológicos y eclesiológicos del primado en relación con la sinodalidad y que deberá sucesivamente someter el propio trabajo al Comité mixto de coordinación en vista de la redacción de un nuevo documento.
En los meses sucesivos, los dos presidentes de la Comisión mixta, el cardenal Koch y el metropolita Ioannis, pudieron concordar en algunos aspectos prácticos concernientes a la nueva sub-comisión mixta, como, por ejemplo, el número de miembros, el método de trabajo, las fechas. A la luz del sustancial acuerdo logrado en cada uno de estos puntos, se puede prever que esta sub-comisión llevará a término su tarea en un tiempo razonablemente breve.
En esta perspectiva, el resultado de la sesión plenaria de Viena no puede ser considerado un retroceso. La opción de proseguir el diálogo adoptando una perspectiva más teológica representa una posibilidad para reflexionar con mayor profundidad sobre el tema del primado. Además, el gran trabajo llevado a cabo por el estudio y la interpretación común de las fuentes del primer milenio relativas al rol del obispo de Roma será precioso para la elaboración de un documento teológico sobre primado y sinodalidad.

El trabajo de de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico se desarrolla en el panorama de relaciones eclesiales entre católicos y ortodoxos, caracterizadas, en el curso del año que ha pasado, por un clima positivo. Entre los numerosos ejemplos que se podrían citar, deben ser recordados al menos dos eventos de particular relevancia: las Jornadas de espiritual ortodoxa rusa en el Vaticano, que se llevaron a cabo el 17 y el 18 de mayo, con la presencia en Roma del metropolita Hilarion, presidente del Departamento para las relaciones eclesiásticas externas del Patriarcado de Moscú, durante las cuales el Patriarca Kirill quiso ofrecer un concierto a Benedicto XVI con ocasión del quinto aniversario de su elección al solio pontificio; el encuentro de Benedicto XVI con el arzobispo de Nueva Justiniano y todo Chipre, Chrysostomos, y los miembros del sínodo de la Iglesia ortodoxa de Chipre, durante el viaje apostólico del Santo Padre a la isla, del 4 al 6 de junio, el primero de Benedicto XVI a una nación de mayoría ortodoxa. Recordando el viaje a Chipre en la alocución a la Curia Romana, el 20 de diciembre de 2010, el Papa afirmó significativamente: “La hospitalidad de la Iglesia ortodoxa, que experimentamos con enorme gratitud, permanece inolvidable. Si bien la comunión plena no nos ha sido todavía concedida, hemos constatado con alegría que la forma básica de la Iglesia antigua nos une unos a otros profundamente: el ministerio sacramental de los Obispos como portadores de la tradición apostólica, la lectura de la Escritura según la hermenéutica de la Regula fidei, la comprensión de la Escritura en la multiforme unidad centrada en Cristo, que se ha desarrollado gracias a la inspiración de Dios, y, en fin, la fe en el puesto central de la Eucaristía en la vida de la Iglesia”.

Las buenas relaciones entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa han favorecido también encuentros y diálogos a nivel local. Piénsese, sólo por dar un ejemplo, en el II Forum católico-ortodoxo sobre el tema “Relaciones Iglesia-Estado: perspectivas teológicas e históricas”, promovido por las Conferencias episcopales católicas de Europa y por representantes de las Iglesias ortodoxas presentes en Europa, y llevado a cabo en el pasado mes de octubre en la isla de Rodas, gracias a la generosa hospitalidad del Patriarcado ecuménico. Los trabajos del Forum contribuyeron a tomar conciencia de las convergencias ya existentes sobre cuestiones sociales y éticas de importancia crucial para el presente y el futuro de Europa y de la humanidad, y de la importancia de un compromiso común para revitalizar el patrimonio de los valores cristianos, aplicándolos a las exigencias y a las necesidades actuales de la sociedad europea. Basándose en la gran cercanía de las respectivas doctrinas morales y sociales es ya desde ahora posible, y fuertemente deseable, que católicos y ortodoxos emprendan juntos proyectos concretos de colaboración para el sostenimiento de los valores de inspiración cristiana que constituyen la matriz de la civilización y de la cultura europeas.

La búsqueda de la plena comunión entre las dos Iglesias, que es el objetivo último al cual el diálogo teológico tiende, ha encontrado en estos últimos tiempos un nuevo estímulo en la conciencia común de deber afrontar juntos los urgentes desafíos planteados por la actual sociedad secularizada, a veces hostil al mensaje cristiano. En el mensaje dirigido al Patriarca ecuménico Bartolomé con ocasión de la fiesta de san Andrés, el pasado 30 de noviembre, Benedicto XVI afirmó: “En un mundo marcado por una creciente interdependencia y solidaridad, estamos llamados a proclamar con renovada convicción la verdad del Evangelio y a presentar al Señor resucitado como la respuesta a los interrogantes y aspiraciones espirituales más profundos de los hombres y las mujeres de hoy. Para tener éxito en esta gran tarea, debemos seguir avanzando en el camino hacia la plena comunión, mostrando haber unido ya nuestros esfuerzos por un testimonio común del Evangelio frente a los hombres de nuestro tiempo”. Con esta convicción, la Iglesia católica continúa, en diálogo con la Iglesia ortodoxa, su compromiso por la restauración de la plena unidad visible entre todos los creyentes en Cristo.

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