sábado, 2 de abril de 2011

A 15 Años del Colapso



Por: Cesar Uribarri


Pocas veces en la historia de la humanidad se repetirá este periodo que hemos comenzado, y que podríamos llamarlo “debacle de occidente”
En cierto modo no es difícil reconocer cuándo empezó esta crisis,lo más complejo es no sólo reconocerla, sino entender que se ha entrado en un punto de no retorno. Porque en esa estamos, en el no retorno o en la huida hacia delante. Lo ocurrido en Japón puede brindarnos un símil quizá grotesco, pero ciertamente plástico: occidente ha sido víctima de varios terremotos, ahora sólo queda esperar la llegada del tsunami. Los terremotos pudieron anticiparse, pero se siguió construyendo al albur de la insensatez. Tras éstos todos los edificios empezaron a tambalearse, algunas estructuras colapsaron y las que se mantienen en precario, no soportarán la embestida de las aguas. En esas estamos. Pero no se quiere ver.

¿Qué terremotos han azotado a occidente? Cinco, de enormes consecuencias e íntimamente relacionados. 
El primero espiritual, que siendo el más grave es el más oculto. 
El segundo energético, y en cuanto motor de la cultura contemporánea, su colapso hará caer el occidente conocido. 
 El tercero económico, consecuencia de los dos anteriores y cuyos zarpazos han sido los primeros en hacer caer las estructuras más débiles. 
El cuarto demográfico, que afectando a la savia del sistema, le dejará sin capacidad de sobreponerse. 
 El quinto y último -menos previsible y medible- el de las relaciones internacionales, que traerá consigo nuevos y violentos dramas humanos una vez colapsen los cuatro anteriores.

Pero ¿porqué se sigue viviendo como si nada de esto fuere a pasar? Ciertamente es llamativo, pero es manifiestamente evidente. Los terremotos ya han ocurrido, sólo queda el colapso, y curiosamente mientras se vive en la punta de la ola del tsunami, no sólo no se percibe el inminente crash, sino que se goza con la adrenalina generada silenciando cuantas tímidas sirenas alertan para ponerse a resguardo. Pero la ola mortal avanza sin detenerse.
¿A qué nos estamos refiriendo? A la simple constatación de los hechos, porque dejando el primer terremoto para el final (aún siendo causa y origen de los siguientes) todo cuanto pueda ocurrir es analizable, medible y constatable. Cuestión de simple estadística.


Sobre la crisis energética


Que los 15 próximos años son cruciales para el devenir de la economía mundial es un hecho. El carbón y el petróleo se enfrentan a la incapacidad de poder satisfacer la demanda global. El punto de no retorno ya fue tocado: se ha llegado al máximo de producción años atrás. ¿Qué queda entonces? Los analistas predicen escenarios varios, pero la realidad es tozuda: cuando la demanda sea manifiestamente superior a la oferta y se perciba una oferta en declive, no sólo el encarecimiento de las materias será la primera puntilla del sistema, sino que la lucha por llegar a acuerdos bilaterales romperá las relaciones internacionales tal como las conocemos. El peor posicionado quedará descolgado del sistema –mientras dure-. ¿Será pacífica tal quiebra? A muchos informes de inteligencia militar no les parece. ¿De qué fechas hablan? No dejan de ser previsiones o proyecciones, pero el año 2014-2015 podría plantear el primer gran problema ante la caída de producción de carbón.
Sobre la crisis económica. Dos blogueros de este portal llevan tiempo diciéndolo, a ellos me remito, pero el resumen podría ejemplificarse con aquel padre de familia derrochador, embarcado en el lujo y el gasto que, una vez acabado con su patrimonio, se endeuda al máximo con la confianza de que, en el futuro inmediato, le tocará la lotería. O dicho más técnicamente: la caída de la economía real se compensa con monetarización de deuda. Es decir, gastar porque mañana tocará la lotería. El problema es que acaba gastando sólo la administración pública, no fluyendo el dinero a la economía real, que sigue desangrándose por falta de crédito. Pero el mal ya estaba ahí de antes: el consumismo. Un sistema basado en el consumismo ha generado el cuarto terremoto, o al menos, lo ha favorecido: la crisis demográfica.
El terremoto demográfico


¿Podrá occidente regenerarse? La respuesta es no. Y ya es evidente. En este caso no hablaríamos de 15 años, por lo menos estadísticamente el colapso requeriría más generaciones. Pero sociológicamente estamos en harina de otro costal. ¿Puede sostener occidente una juventud pansexualizada, desvalorizada y sin más motivación que el mismo presente? Ya no hablamos sólo de la incapacidad de mantener el sistema del bienestar con una pirámide de población invertida (muchos ancianos, acostumbrados a la buena vida, que demandarán gasto público en salud y pensiones, sin población activa suficiente para continuar el sistema), sino de la incapacidad moral de una sociedad que acabará buscando soluciones cómodas a los problemas (aborto, eutanasia, eugenesia…). ¿Y cuando colapse el sistema económicamente y no pueda absorber una juventud sin principios -que aún escasa quedará condenada al margen del ciclo económico-? En un escenario de laboratorio podrían imaginarse soluciones, pero la realidad añade más elementos complejos: los flujos migratorios. ¿Qué será occidente en años? Lo que la Roma previa a su caída: una sociedad envejecida, cómoda y egoísta, carente de fuerza vital para frenar el empuje de otros pueblos, bárbaros, pero más animosos y capaces. El cristiano occidente será por pura demografía, generación a generación, más islámico. 15 años verán una quiebra impredecible. En Madrid algo se nos está anticipando con las profanaciones a iglesias.

¿Y el terremoto internacional? 


Su respuesta es compleja, pero algo se puede intuir. ¿Dejará China que la crisis energética y económica despierte revueltas en su territorio pudiendo llevar al colapso el gran partido comunista, fuente de poder y privilegios? ¿Han muerto las ideologías del odio, el socialismo bolivariano, el socialismo europeo, el comunismo, el islamismo radical? Situaciones de crisis, de incapacidad de respuesta, son chispas que prenden un fuego mantenido entre cenizas durante años y años. A la menor debilidad de occidente, prenderán algunas chispas. El problema es que los anteriores terremotos acaben afectando a la propia subsistencia de esos regímenes del terror, que se lanzarán en su defensa antes que sea tarde. Y su defensa siempre pasará por atacar en busca de espacio natural, de mayores reservas energéticas o de materias tanto alimentarias como no alimentarias...
¿Cómo está respondiendo el hombre contemporáneo? Con el “miticismo”


Y es que la cacareada civilización científica, que se burla de la fe y lo religioso, ha caído en el mito más burdo y pueril: “la ciencia resolverá mañana cualquier problema que se planteé”. Sin ver que eso es vivir “gastando porque mañana me tocará la lotería”, y sin ver que es la misma ciencia la causante de muchos males presentes (crisis demográfica, consumismo y tecnicismo hasta la deshumanización…). Y es que el problema es espiritual. Sólo cabe Dios o no Dios. Cuando el mundo ha elegido no Dios (por mucho que se le quiera vestir de tecnocracia, de “perfil bajo”, de “no crispación”, en el fondo es arrinconar a Dios) sólo cabe esperar que el paraíso sin Dios colapse. De hecho, occidente por falta de principios morales (la cultura de la muerte) ha colapsado demográficamente; por falta de principios morales el sistema económico ha sido un Saturno devorando a sus hijos (depresiones, ritmos inhumanos, paro, ansiedad…) que ahora se empieza a devorar a sí mismo. Y por falta de principios morales no ha habido valor para salirse del ritmo de vida y buscar otras aguas. Y sí ha habido valor siempre estaba la oscura mano del poder para impedir la libertad de hacerlo ¿Qué es si no lo que está ocurriendo al mismo tiempo en todo el occidente con la persecución a la libertad moral? ¿Se recuerda el impedimento al homeschooling en España; o la persecución a la libertad moral de los padres en Alemania que les está llevado a la cárcel por impedir en sus hijos la perversión sexual obligatoria en los colegios? Poco a poco seremos testigos de más sucesos de esta índole. Y es que, por más que muchos sólo quieran ver la realidad desde la perspectiva económica (en España sería una especie de “cuando llegue Rajoy al gobierno todo se arregla en dos años”) la historia de la humanidad es tozuda: no estamos ante la disputa de liberalismo o economía dirigida, sino entre Dios y no Dios. Ahora los hechos son evidentes, sólo falta abrir los ojos.
Dejé el primer terremoto -el espiritual- para el final, y ya ha llegado su momento. Pronto la Iglesia celebrará el Sínodo por la nueva evangelización. Miremos el mañana, 15 años vista. Iglesias vacías ante la debacle generacional, tanto de fieles como de sacerdotes. Occidente será testigo de iglesias de minorías. Grandes órdenes y congregaciones quizá no resistan el embate estos próximos 15 años -extinción natural, desgraciadamente-.
El clero ahora envejecido habrá muerto y el clero joven de hoy no podrá llegar a todo lo que hasta ahora se atendía. Y súmese a esto, que el grueso de los fieles actuales –los ancianos- habrán muerto, y occidente será socialmente pagana con minorías cristianas perseguidas. Este es el panorama previsible.
¿Entonces? Ese es mi miedo. Ante tal realidad uno se encuentra las ridículas pastorales de los obispos catalanes. ¿Eso salvará la fe de occidente? La solución pasa por una vuelta a lo íntimo, a lo interior. Sólo si la Iglesia pone la batalla en la oración y la penitencia, esto tiene arreglo. Oración y penitencia interior que conlleva la valentía para vivir la fe personalmente, ocurra lo que ocurra, y que sólo en los sacramentos, el cristiano encontrará la fuerza para mantenerse fiel: ergo una vuelta a los sacramentos, a lo sacro, será la energía suficiente de una nueva evangelización. No, por tanto, pastorales ad extra, o nuevos manuales de catequización, sino sacerdotes en el confesionario, sacerdotes que celebren la santa Misa con la mayor dignidad posible, sacerdotes que traten santamente lo santo y que promuevan la adoración eucarística . Sólo así el pueblo fiel podrá irse alimentando de fe y esperanza en estos tiempos oscuros que nos empiezan a pedir sacrificios antes inimaginados.
Una curiosidad final: el Papa da la impresión de pensar exactamente así. Ciertamente, sus libros entrevistas con Peter Sewaald giran muchas veces sobre esto mismo, más sabiamente quizá, y quizá con otras palabras.

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