sábado, 30 de abril de 2011

EL PORTAPAZ






Un portapaz es un pequeño retablito de plata, es decir, una arquitectura de plata, que lógicamente sigue las pautas artísticas de cada momento. Ese retablito solía tener una hornacina central que albergaba una determinada iconografía, usualmente alusiva a la titularidad del templo que acogía al portapaz. Esta pieza tenía una función concreta: durante la celebración de la Misa, el sacerdote instaba a los fieles a darse la paz y éstos practicaban el beso ritual en el centro de ese retablo de platería, que sería cogido por un acólito o monaguillo por un asa ubicada en su parte posterior. Normalmente había dos portapaces, uno para hombres y otro para mujeres. La evolución de la Liturgia y todas sus consideraciones han provocado que los portapaces queden relegados a los museos de arte sacro, donde pueden ser contemplados.




En la Iglesia primitiva el signo de la Paz estaba situado antes de la presentación de las ofrendas. Hoy son varias las conferencias episcopales que están estudiando la posibilidad de recuperar el momento previo a la presentación de las ofrendas para situar el rito de la Paz.


      Pero retornando al tema del Portapaz en cuanto objeto litúrgico de uso habitual, era de metal u otro material generalmente noble, del tamaño de la palma de la mano, solían tener una imagen de Cristo Crucificado, de la Virgen María o de algún Santo. La parte de atrás del Portapaz tenía una adaptación a la curva de la mano para poder sostenerlo cómodamente y poderlo dar a besar a los fieles durante el rito de la Paz.


La separación en la asamblea litúrgica de hombres y mujeres propició la aparición de los “osculatorium” o “instrumenta Pacis”. Los más antiguos que se conservan datan del S. XV.

            El antecedente todavía más remoto de los “osculatorium” es la patena de la oblata Eucarística. En el siglo XI se relata que a las palabras “da propitius pacem” el Papa besaba la patena transmitiendo la Paz al clero, incluso se besaba la hostia. Con esto se significaba que Cristo es la fuente de la Paz, por otro lado es el saludo de Cristo resucitado a sus apóstoles. A veces, eran los libros litúrgicos los que servían de Portapaz, especialmente el Evangeliario. El antiguo ceremonial de los Obispos menciona el uso de los oscilatorios.

            En el momento de la Paz, los ministros pasaban el Portapaz dándolo a besar, otras veces los mismos fieles lo pasaban de mano en mano. 


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