sábado, 21 de mayo de 2011

El Papa quiere en el futuro, un único Rito Romano

Summorum Pontificum, puente ecuménico,
y comienzo de la Reforma de la Reforma Litúrgica.

Por Benjamín Benavídez


cardenal Kurt Koch

Al mismo tiempo que era publicaba la Instrucción Universæ Ecclesiæ el pasado 13 de Mayo, se estaba realizando en Roma un congreso sobre el motu proprio Summorum Pontificum que ésta vino a aclarar.

Durante el discurso que pronunció en dicho foro el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, bajo el título "Summorum Pontificum, puente ecuménico", se pudieron oír conceptos que podrían escandalizar a los que persisten en negar la grave crisis litúrgica que afecta a la Iglesia. 

Dijo, por ejemplo el cardenal, que es legítimo preguntarse si los que llevaron a la práctica las reformas queridas por el Concilio, no habrán ido intencionalmente mas allá de lo establecido por éste: 

"...es lícito preguntarse, de manera crítica, si en la reforma litúrgica postconciliar se han realizado realmente todos los deseos de los padres conciliares o si, bajo diversos aspectos, las afirmaciones fundamentales de la constitución sobre la sagrada liturgia han quedado incompletas, o incluso, si en los desarrollos litúrgicos del post-Concilio se ha ido intencionalmente más allá de tales afirmaciones. 
Que sea no sólo legítimo sino también apropiado hacer una distinción entre la constitución sobre la sagrada liturgia, la reforma litúrgica postconciliar y los sucesivos desarrollos litúrgicos, está ya probado por el hecho de que precisamente los teólogos que estaban comprometidos o que habían participado en los trabajos del Concilio, se convirtieron pronto en serios críticos de los desarrollos litúrgicos postconciliares". 

Cómo es posible que los mismos que habían participado en los trabajos del Concilio criticaran los desarrollos litúrgicos posteriores. ¿No será porque el Consiluim (Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, organismo creado el 24 de enero de 1964 por el papa Pablo VI, a fin de llevar a la práctica las prescripciones de la Constitución Sacrosanctum Concilium), que fue el encargado de materializar la Reforma cuando los padres conciliares ya estaban de vuelta en sus diócesis, fue infiltrado? 

¿Acaso su poderoso secretario y factotum del Novus Ordo, Mons. Anibale Bugnini, no fue desterrado por el mismo Papa, según algunos por haber descubierto que era masón? 

Dijo de él el Cardenal Ferdinando Antonelli, protagonista también de la reforma, en su diario personal: 

“Ha sido nombrado Secretario de la nueva Congregación del Culto Divino el P. Annibale Bugnini, C.M. Podría decir muchas cosas sobre este hombre. Debo agregar que ha sido siempre sostenido por Pablo VI. No quisiera equivocarme , pero el problema más notable del P. Bugnini es su falta de formación y de sensibilidad teológica. Es una laguna y una falta grave, porque en la liturgia toda palabra y todo gesto traducen una idea que es una idea teológica. Tengo la impresión de que se ha concedido mucho, sobre todo en materia de sacramentos, a la mentalidad protestante. No porque el P. Bugnini haya sido el artífice de tales concesiones; él sólo se ha servido de mucha gente y, no sé por qué, ha introducido en el trabajo a gente hábil pero de coloración teológica progresista. Y, o no se ha dado cuenta, o no se ha resistido, porque no se podía resistir a ciertas tendencias”. 

La reforma, puesta en práctica por teólogos ignorantes o progresistas, despertó pronto la queja de sus mismos impulsores. 

Y sigue el cardenal Koch en su discurso: 

"... hoy existe la necesidad de un nuevo movimiento litúrgico, que se ponga como objetivo el hacer fructificar el verdadero patrimonio del concilio Vaticano II en la actual situación de la Iglesia, consolidando al mismo tiempo los fundamentos teológicos de la liturgia. 

El motu proprio constituye sólo el comienzo de este nuevo movimiento litúrgico. Benedicto XVI, de hecho, sabe bien que, a largo plazo, no podemos quedarnos en una coexistencia entre la forma ordinaria y la forma extraordinaria del rito romano, sino que la Iglesia tendrá nuevamente necesidad en el futuro de un rito común. 

Sin embargo, dado que una nueva reforma litúrgica no puede ser decidida en un escritorio, sino que requiere un proceso decrecimiento y de purificación, el Papa por el momento subraya sobre todo que las dos formas del uso del rito romano pueden y deben enriquecerse mutuamente". 

Es decir, Summorum Pontificum no es solamente un documento pensado para conformar a los tradicionalistas y producir la paz en la Iglesia, como se creía generalmente hasta ahora. Es mucho más que eso, por empezar es el reconocimiento oficial de la suprema autoridad de la Iglesia de que algo no está bien con el Novus Ordo, y que ese algo debe ser corregido. 

Pero en el estado actual de rebelión en que se hallan muchos obispos y presbíteros, no es posible lograr la corrección desde los escritorios de la Santa Sede, mediante la firma de uno o varios decretos. 

Ni es tampoco adecuado, ni quizá factible, cambiar de un solo golpe prácticas arraigadas en los fieles que, probablemente, provocarían escándalo y desobediencia. 

Como buen pedagogo el Papa va paso a paso: primero revalorizó la catolicidad de la liturgia romana designando, al principio mismo de su pontificado, un nuevo maestro de ceremonias que esté de acuerdo a lo que tiene pensado, desempolvó el Trono de San Pío X sobre el que se sentó en varias oportunidades, desechó el cuestionado báculo de Pablo VI cambiándolo por el del beato Pío IX, lució el camauro al estilo de Juan XXIII, vistió casulla romana, pidió la reintroducción del Latín en la santa Misa, y que se enseñe a los fieles al menos las oraciones básicas en ese idioma, reintrodujo el Credo Nicenoconstantinopolitano en sus Misas, estableciendo, además, administrar en ellas la Santa Comunión exclusivamente de rodillas. 

El paso complementario y simultáneo a todas estas medidas pedagógicas del Supremo Liturgo de la Iglesia, ha sido levantar el pesado yugo que oprimía a la Misa Dámaso Gregoriana, para que los fieles al saber primero de su existencia (la mayoría confunde Novus Ordo en Latín con Misa Tridentina), y tener luego la posibilidad de experimentarla, aunque sea ocasionalmente, vayan siendo influidos en los hechos por sus formas enriquecedoras. 

Es decir, la Misa Tradicional es un puente entre lo que hoy tenemos y lo que vamos a tener nuevamente en el futuro, como fue hasta 1969, si este movimiento litúrgico lanzado por el Santo Padre alcanza el éxito: una forma única del Rito Romano. 
Como ya dijimos, el cardenal Koch tituló a su conferencia que aquí comentamos: “La liturgia tradicional de la Iglesia, puente ecuménico”. ¿Y que une este puente? En principio, dos partes o posiciones internas de la Iglesia: La de aquellos que afirman junto al Papa que "entre la liturgia antigua y la reforma litúrgica postconciliar no hay una ruptura radical sino una continuidad de fondo"; y la que "es considerada en amplios círculos de la Iglesia católica como un ruptura con la tradición y como una nueva creación... Con el motu proprio Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI ha querido contribuir a la resolución de tal disputa y a la reconciliación dentro de la Iglesia. El motu proprio promueve, de hecho, si se puede decir así, un “ecumenismo intra-católico”. 

Pero también, opina el cardenal, el éxito del Ecumenismo propiamente dicho, depende de esta reconciliación pues, "de hecho, si el ecumenismo intra-católico fracasara, la controversia católica sobre la liturgia se extendería también al Ecumenismo, y la liturgia antigua no podría desarrollar su función ecuménica de constructora de puentes". 

¿Pero que uniones puede construir la Misa Tridentina con las Comunidades e Iglesias separadas? La aclaración puede venir del mismo Mons. Koch, quien recordó que, al imponerse en los hechos la posición por la cual el celebrante mira a los fieles durante la celebración (1), rúbrica no mandada por el Concilio, "la Iglesia Católica se ha convertido casi en la única comunidad cristiana en la que sacerdote y fieles no guardan la misma orientación durante la Plegaria". Es decir, en su ansia de reforma y discontinuidad, los innovadores católicos han ido más allá que los mismos protestantes. 

Además, ¿es dable imaginar a la Iglesia de Constantinopla, a la de Rusia o la de Antioquía, aceptando la Comunión en la Mano o las monaguillas en el altar? ¡Jamás! 

¡Qué el Espíritu Santo asista con todos sus dones al Santo Padre, y a quienes deben ayudarlo en el arduo camino que tienen por delante! 

(1) Para hacer más gráfico lo que estaba diciendo agregó el Cardenal: "Nadie se queja de que el conductor de un autobús dé la espalda a sus viajeros". 

Los textos entre comillas los hemos tomado de la traducción del discurso del Cardenal Coch, publicada por La Buhardilla de Jerónimo


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