domingo, 15 de mayo de 2011

Luteranos aprueban uniones homosexuales

De la bigamia de un príncipe a la bendición de uniones contra natura





Lutero
Cuando Lutero tuvo éxito en propagar por buena parte de la Cristiandad la fatal idea de que cualquier cristiano podía interpretar la Escritura al margen de la autoridad magisterial de la Iglesia, se abrió la caja de los truenos que contiene todo tipo de herejías. Como bien decía San Pío X en el artículo 129 de su Catecismo mayor, “el Protestantismo o religión reformada, como orgullosamente la llaman sus fundadores, es el compendio de todas las herejías que hubo antes de él, que ha habido después y que pueden aún nacer pira ruina de las almas“.


El propio Lutero tuvo que reconocer en vida las consecuencias de su ponzoña al afirmar que “hay tantas sectas y opiniones como cabezas. Este niega el bautismo; el de más allá cree que hay otro mundo en el nuestro y el día del juicio. Unos dicen que Jesucristo no es Dios; otros dicen lo que se les antoja. No hay palurdo ni patán que no considere inspiración del cielo lo que no es más que sueño y alucinación suya“. Ahí tienen ustedes a un pirómano quejándose de las consecuencias del fuego que ha provocado.


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Hoy es noticia que los luteranos italianos han aprobado la bendición de las uniones homosexuales. Su presidenta, una tal Christiane Groeben -apellido italiano donde los haya-, asegura que “se trata de una decisión que nace de escuchar la palabra de Dios y observar a la sociedad“. Es decir, esta gente ha decidido que la Escritura aprueba la unión entre personas del mismo sexo. Es una pérdida de tiempo señalar aquí los versículos que contradicen tal aseveración, porque para un protestante todo en la Escritura es interpretable según su personal parecer.


De hecho, lejos de estar ante un hecho extraño, lo cierto es que el luteranismo lleva cerca de siglo y medio deslizándose por la pendiente del liberalismo teológico que ha conducido a las comunidades eclesiales protestantes históricas a una situación que solo cabe calificar de crítica, desastrosa y cercana a la apostasía rampante. Los luteranos italianos siguen los pasos de otros luteranos europeos e incluso norteamericanos. Es cierto que hay denominaciones luteranas independientes que no se resisten a ser arrastrados por el tsunami continuo del liberalismo, pero son minoritarias.

Pero hoy quiero ir más allá y señalar que no es sólo un problema de cesión al cáncer teológico-liberal. El mismísimo Lutero y el “gran” Melanchton demostraron en el siglo XVI que el luteranismo era muy capaz de aceptar cualquier cosa con tal de quedar bien con el “mundo", en el sentido bíblico del término. Felipe de Hesse, príncipe alemánconocido con el apodo de `El Magnánimo, que apoyó decisivamente la “Reforma” -p.e, fue el organizador de la alianza militar y política conocida con el nombre de Liga de Esmalcalda, creada para plantar cara al intento de Carlos V de impedir que el protestantismo se adueñara de gran parte de Europa-, tenía un problema. Su “incontinencia sexual” era notoria


Se casó en 1523, a los 19 años, con la duquesa Cristina de Sajonia, con la que tuvo la nada despreciable cifra de diez hijos. Hasta ahí, todo normal. El problema es que el príncipe acabó encaprichándose de Margarita von der Saale, 18 años menor que él. Y resulta que en vez de mantenerla como “amante", cosa típica en la realeza de entonces -y de ahora-, se le metió entre ceja y ceja que había de casarse con ella. Y llevó la cuestión ante Martín Bucer (o Bucero), ex dominico que se había convertido en uno de los discípulos favoritos de Lutero.

Martín Bucero consiguió convencer tanto a Lutero como a Melanchton para que diera el visto bueno a la bigamia, de manera que se casó con Margarita en 1540. De hecho, el ex-frailee agustino tuvo a bien justificar dicho matrimonio en base al ejemplo de los patriarcas del Antiguo Testamento que habían practicado la poligamia. Es decir, acudió a las Escrituras para dar su bendición a una unión que el mismísimo Cristo habría considerado adulterio.

No está de más recordar que Enrique VIII ya había consumado el cisma anglicano al negarse el Papa a concederle la nulidad de su primer matrimonio. No descarto que en la mente de Lutero estuviera presente ese hecho. Si un Rey le había plantado cara a un Papa, no era imposible que un príncipe le plantara cara a él si se negaba a aceptar su capricho sexual.
Si alguien piensa que Felipe se “deshizo” de su primera esposa, yerra. Lo cierto es que una vez casado con Margarita, siguió teniendo hijos con Cristina. De hecho, en los años 1541, 1543 y 1547 tuvo hijos e hijas con cada una de ellas. Todo ello con la bendición de los principales líderes religiosos luteranos. Conmovedor.


En resumidas cuentas, lo que vemos hoy en el luteranismo no es nuevo. Fuera de la Iglesia, cualquier barbaridad puede ser aprobada. No negaré que el pecado puede estar presente entre los católicos de la misma manera a como pueda estarlo entre protestantes. No negaré que a lo largo de la historia, pasada y reciente, la pastoral católica ante el pecado ha adolecido de firmeza. Pero la doctrina católica sobre el pecado no depende de príncipes, reyes y opiniones sociales variables. Está arraigada en la Escritura, en la Tradición y en el Magisterio de la Iglesia. 

Los protestantes tan solo cuentan con una Escritura mutilada, que además interpretan como creen oportuno, lo que les ha llevado a contradicciones en doctrinas tan importantes como el bautismo, la Eucaristía, la predestinación, el efecto de la gracia en relación al libre albedrío, etc. Y eso, estimado lector, no hay diálogo ecuménico que lo pueda solucionar. No porque la Iglesia no quiera o no deba esforzarse en dicho diálogo, sino porque la misma naturaleza del protestantismo impide que el mismo llegue a feliz término. A saber, la reintegración de todos los hijos de la Reforma al seno de aquella que es Santa, Católica y Apostólica.

En Cristo y su bendita Iglesia,

Luis Fernando Pérez Bustamante

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