viernes, 5 de agosto de 2011

EL ROSARIO Y EL PROTESTANTE



Había una señora muy sencilla que vendía verduras en los barrios. Una humilde devota de Nuestra Señora.

Cierto día, tía Joana, como era conocida por todos, fue a vender sus verduras a casa de un protestante y perdió su Rosario en el jardín de la casa.

Pasados algunos días, Joana volvió nuevamente a aquella casa a fin de ver si encontraba ahí su querido Rosario.

El protestante la vio y le dijo en tono sarcástico: ¿Has perdido a tu Dios? Ella humildemente respondió: " ¿Yo, perder a mi Dios? ¡Nunca!".
El protestante tomó el Rosario y dijo: “¿Este no es tu Dios?". A lo que ella respondió: "Gracias a Dios que encontró mi Rosario. Muchas gracias.

" Y él le dijo: "¿Por qué no cambias esa cadena de semillas baratas por la Biblia?"

A lo que ella le dijo: "Porque la Biblia no la se leer, y con el Rosario yo medito toda la Palabra de Dios y la guardo en mi corazón."

Él le pregunta: “¿Medita la palabra de Dios?¿Cómo es eso? ¿Me lo puede explicar?"

 Acariciando su Rosario, la tía Joana respondió: Primero tomo la cruz, y recuerdo que el Hijo de Dios dio toda su sangre clavado en una cruz para salvar a la humanidad. Esta primera cuenta gruesa, me recuerda que hay un Dios Todopoderoso.

 Estas tres cuentas pequeñas representan las Tres Personas de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Esta otra cuenta gruesa me recuerda la oración que el mismo Jesús, nuestro Señor, nos enseñó: el Padre Nuestro.

 El Rosario tiene 5 misterios que me recuerdan las 5 llagas de Jesucristo clavado en la cruz, y en cada misterio rezamos 10 Ave-Marías, que me recuerdan los Diez Mandamientos que Dios mismo entregó a Moisés. El Rosario de Nuestra Señora tiene 15 Misterios que son: 5 gozosos, 5 dolorosos y 5 gloriosos.

De mañana, cuando me levanto para iniciar la lucha del día rezo los gozosos, pensando en los pobres y en la sencilla y humilde vida de Jesús, María y José. Al mediodía, en medio de mi gran cansancio, mi fatiga por el trabajo, pensando en lo que me falta para terminar el día y poder descansar, rezo los misterios dolorosos, que me recuerdan la dura caminata de mi Señor Jesucristo hacia el Calvario, con tanto dolor y tanto cansancio.

 Cuando llega el fin del día, con los retos superados y las metas cumplidas, rezo los misterios gloriosos, que me recuerdan que Jesús venció a la muerte por amor, para traer la salvación a toda la humanidad. “Ahora, dígame usted, ¿Dónde está la idolatría?"

El protestante, después de escuchar todo esto, simplemente dijo: " Yo no sabía todo eso. ¡Por favor, enséñame a rezar el Rosario!”

¿Qué tal si retomamos y reforzamos el rezo de esta oración sencilla y popular que ha conservado y alimentado la fe de tantas personas?

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