sábado, 3 de diciembre de 2011

La SEDE en el Templo donde debe estar ubicada?

A vueltas con la sede

Interesante artículo sobre la ubicación de la sede, publicado por el doctor en liturgia Adolfo Ivorra, en la wb Lex Orandi.

Hace más de un año constaté que... la sede se mueve. Mismo lugar (iglesia), mismo ministro (un papa) pero dos ubicaciones de la sede: Juan Pablo II detrás del altar y Benedicto XVI a un lado. Después de meditar la cuestión y hablar con algunos colegas liturgistas este verano, doy mi primera opinión: no sabemos qué es la sede. En la Ordenación General del Misal Romano, aunque se piense lo contrario, no hay mucha claridad. Por otro lado, lo que prescribe contradice la práctica actual de Benedicto XVI, que en no pocas ocasiones tiene la sede a un lado del altar:


La sede del sacerdote celebrante debe significar su ministerio de presidente de la asamblea y de moderador de la oración. Por lo tanto, su lugar más adecuado es vuelto hacia el pueblo, al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio u otra circunstancia lo impidan, por ejemplo, si por la gran distancia se torna difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada, o si el tabernáculo está situado en la mitad, detrás del altar. Evítese, además, toda apariencia de trono (OGMR n. 310).


 
Con Juan Pablo II, la sede se situó al fondo del presbitero al modo de las basílicas romanas. En un dibujo del libro "Arquitectura y Liturgia" de Louis Bouyer se ve mejor lo que se pretendía:


La sede que aparece en las basílicas romanas era propiamente episcopal. Por tanto, podemos decir que la sede propuesta en la OGMR es propiamente episcopal. Hablando con un liturgista este verano, me hizo ver que de la sede presbiteral se habla en las fuentes litúrgicas ya más tardías cuando se menciona el canto del Gloria, con un sentido más funcional (descanso) que otra cosa. Por tanto, se trata de una episcopalización de la liturgia presbiteral. Este no es el único caso. Pensemos en la estola no cruzada del obispo que pasa a ser la forma del presbítero -que antes la llevaba cruzada- después del misal de 1970.

Hay que decir que si bien en las fuentes litúrgicas -Ordines Romani- puede intuirse una toma de posesión de la sede, no puede sostenerse el "silencio meditativo" que reviste el sentarse en la sede hoy, después del evangelio-homilía y después de la comunión. Al margen de esta cuestión, la sede mira al pueblo, sí, pero con el altar de por medio. En las antiguas iglesias sirias y bizantinas descubrimos la misma "orientación". Es decir, aunque las basílicas romanas miren -por ser antes edificios "civiles"- a Occidente y las bizantinas y sirias a Oriente, las sedes miran siempre al altar:



Desde aquí expongo mi segunda intuición: la sede siempre ha mirado al altar. Al pueblo lo ha mirado simplemente porque está "de camino". Esto en el caso de los presbiterios o santuarios situados en el centro de la iglesia. En el caso romano, porque eran sedes muy elevadas que venían todo lo que estaba abajo: altar y pueblo. En las iglesias orientales primitivas, el que presidía sí daba la espalda a parte del pueblo. Por tanto, podría decirse que no es estrictamente necesario que la sede no de la espalda a alguien. Pero en Occidente nunca ha dado la espalda a nadie hasta hoy: recientemente la sede se ha "movido" del verdadero fondo del presbiterio a un lado del altar. Esto era así antes de la reforma litúrgica, pero la diferencia es que ahora no mira al altar sino al pueblo... y da la espalda a los ministros que se sitúan en la "retaguardia".

M. Kunzler explica el hecho de que la sede que se encontraba al fondo del presbiterio se "mueve" por la existencia de un nuevo elemento: el retablo. Éste no sólo obstaculizaba la visión de los fieles, sino también del altar. Si hubiese sido sólo cuestión de mirar al pueblo, la sede hubiese tenido con el nacimiento del retablo, su lugar mirando a los fieles cerca del límite del presbiterio, tal y como algunos la ponen hoy. Pero esto no fue así: se colocó a un lado, mirando al altar. Algunas veces, por razones arquitectónicas, no miraba directamente (de frente) al altar, pero estaba claramente en el campo de visión.

La razón de esto es una interpretación literalista del término "presidir" -ponerse delante-, que no tiene ningún fundamento arqueológico en las iglesias antiguas, sean romanas o no. El concepto de presidencia moderno es deudor de una forma dialógica personal no-comunitaria. Me explico. Antes de la reforma el "diálogo" tenía tres interlocutores: el preste, los ministros y el pueblo. Con las misas "dialogadas" lo que decía el ministro era asumido por la asamblea. Aquí se da una evolución aparentemente insignificante, pero que tiene sus consecuencias. Pensemos, por ejemplo, que en el canon romano a veces se habla en plural no para referirse al sacerdote y al resto de la asamblea, sino para referirse al sacerdote y los ministros. De una "conversación" o diálogo entre preste, ministros y asamblea, se ha pasado dos interlocutores: sacerdote y el "resto". Los ministros acaban por perder su identidad litúrgica no sólo con esta simplificación, sino -y sobre todo- cuando el sacerdote y obispo sitúa su sede no al fondo del presbiterio -o a un lado-, sino al borde del presbiterio, dándole la espalda a sus servidores.

Si se quiere tener una interpretación "literal" de 'presidir', no se puede estar detrás del que preside. Si se quiere ser fiel a la tradición romana y primitiva en general, se tiene que mirar al altar. Dar la espalda a los ministros y no mirar al altar no forma parte de la tradición litúrgica más primigenia. Por otro lado, el poner "en fila" ambón, altar y sede, a la vista del pueblo, es tener una mentalidad casi cinematográfica o televisiva del culto: todo tiene que ser visto por el pueblo. La celebración "de espaldas", el iconostasio, etc., son ejemplos históricos de que no tiene por qué ser visto todo. Además, esta obsesión porque todo se vea dice mucho de una visión teatral de la liturgia. Con estos presupuestos, creo que el presidir está más emparentado con la mediación litúrgica entre el pontífice -obispo, sacerdote- y el pueblo, que con un presentador de televisión.

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