lunes, 9 de enero de 2012

Obispos desaparecidos en Cárceles en China


Diplomática y combativa. Las dos caras de la geopolítica de la Iglesia


En el discurso de inicio de año a los embajadores, Benedicto XVI no ha hablado sobre China. Pero el Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras grita en voz alta y nombra "hombres del año" a dos obispos que han desaparecido en la cárcel por odio a la fe

de Sandro Magister



ROMA, 9 de enero de 2012 – Como cada año, después de las fiestas navideñas, Benedicto XVI ha recibido esta mañana en audiencia al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede.

En el encuentro con el papa, en la Sala Regia del Palacio Apostólico, había 115 jefes de misión acompañados por 60 consortes. Un record: en 2011 habían sido, respectivamente, 112 y 51. Otros 160 diplomáticos formaban las delegaciones. En nombre de todos ha saludado al sumo pontífice el decano del cuerpo diplomático, el embajador de Honduras, Alejandro Emilio Valladares Lanza, y el vice-decano, el representante del Principado de Mónaco, Jean-Claude Michel.

La Santa Sede es la segunda en el mundo, después de los Estados Unidos, en el número de países con los cuales tiene relaciones diplomáticas. Actualmente son 179, sin contar las relaciones con organizaciones internacionales.

Entre los poquísimos países en lo que no hay acreditado ningún representante pontificio están China y Arabia Saudita.

Desde el año pasado, por primera vez, los italianos no son ya mayoría entre los nuncios apostólicos. Y habrá aún menos en futuro, vista la preponderancia de nuevos nuncios extranjeros nombrados hasta ahora por Benedicto XVI.

El cuadro estadístico más actualizado del aparato diplomático de la Santa Sede ha sido publicado en el diario de la conferencia episcopal italiana "Avvenire", firmado por Gianni Cardinale, el domingo 8 de enero, vigilia de la audiencia:

> Il mondo in udienza dal papa

En su discurso al cuerpo diplomático, Benedicto XVI ha prestado una especial atención al futuro de las jóvenes generaciones de todo el mundo. Ha defendido la vida que nace y la familia, la libertad de educación y la libertad religiosa. Ha recordado las agresiones a los cristianos en Nigeria y el asesinato del ministro pakistaní Shahbaz Bhatti, católico.

Este es el link al testo íntegro del discurso:

> "Excelencias, Señoras y Señores..."


Desde el Norte de África hasta Oriente Medio, desde Irak hasta Siria, desde Somalia hasta la Región de los Grandes Lagos, el papa ha citado por nombre los lugares de numerosos conflictos.

Sobre otros lugares críticos, en cambio, no ha dicho nada, por una prudencia que es típica de la diplomacia vaticana.

En especial, no ha hablado de China.

China es un país que tiene muchos récords, uno de los cuales es emblemático. Es el único país del mundo en el cual dos obispos están en la cárcel a causa de su fe. De ellos no se sabe nada: del primero desde hace 14 años y del segundo desde hace 11.

La Santa Sede no ha denunciado nunca abiertamente este hecho, ni ha reclamado en público su liberación.

Pero la agencia online "Asia News", del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, especializada en China y muy leída en ese país, ha decidido en los días pasado entregar precisamente a estos dos obispos el reconocimiento de "hombres del año".

Sobre ese país, que en un futuro será la nueva superpotencia mundial, es justo decir toda la verdad.

He aquí a continuación el editorial con el cual el director de "Asia News" ha rendido honor a estos obispos que se han inmolado por la verdad y la libertad.

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EL PREMIO DEL AÑO A DOS OBISPOS DE CHINA, MARTIRES DESCONOCIDOS

de Bernardo Cervellera



Al final de cada año muchas revistas y páginas web publican una clasificación de los personajes más famosos, que se han distinguido por alguna obra o han sido determinantes para la información mundial. Normalmente son personajes de la política, de la cultura o incluso un movimiento entero, como ha hecho este año la revista americana "Time", que ha consagrado como personaje colectivo a los jóvenes de la “primavera árabe” y a todos los manifestantes del mundo.

Nosotros, de "Asia News", queremos hacer una elección contracorriente: dar un premio a quien no ha sido nunca citado por los medios de comunicación, a quien no ha recibido ningún reconocimiento público, a quien está olvidado pese a sus años de lucha por la verdad, la dignidad y la justicia. En resumen, un premio al "ilustre desconocido".

Como "Time", también nosotros queremos dedicar un premio colectivo a dos grandes desconocidos: dos obispos chinos de la comunidad subterránea que, desde hace décadas, han sido raptados por la policía y de los cuales nadie sabe nada.

El primero de ellos es Mons. Giacomo Su Zhimin, casi 80 años, obispo de Baoding (Hebei), arrestado por la policía el 8 de octubre de 1997. Desde ese momento nadie conoce ni la acusación que ha motivado el arresto, ni si ha tenido lugar un proceso, ni su lugar de detención. En noviembre de 2003, y por casualidad, se descubrió que estaba hospitalizado en un hospital de Baoding, rodeado por policías de la seguridad pública. Tras una breve y rápida visita de sus familiares la policía lo hizo desaparecer de nuevo, hasta la fecha.

El segundo es Mons. Cosma Shi Enxiang, de 90 años, obispo de Yixian (Hebei), arrestado el 13 de abril de 2001. De él verdaderamente no se sabe nada; sus familiares y fieles siguen preguntando a la policía para tener alguna noticia.

Ambos merecen ser recordados al lado de personajes célebres de la disidencia como el Premio Nobel Liu Xiaobo o el gran Bao Tong pues como ellos, y desde hace más tiempo, combaten por la libertad del individuo y por su fe. De alguna manera ellos son los profetas de la disidencia: los primeros en ser perseguidos; los primeros en ser arrestados y condenados; los primeros en lanzar llamamientos a la comunidad internacional; los primeros en ser olvidados.

Antes del último arresto, Mons. Su Zhimin pasó, en fases alternas, 26 años en la cárcel o trabajos forzados, tachado de “contrarrevolucionario” únicamente porque, desde los años 50, siempre se ha negado a afiliarse a la Asociación patriótica china, que quiere construir una iglesia nacional separada del papa. En 1996, desde un lugar escondido porque lo buscaban, había conseguido difundir una carta abierta al gobierno chino para que respetara los derechos humanos y la libertad religiosa del pueblo. En total, ha pasado ya 40 años en cautividad.

Mons. Shi Enxiang ha estado encarcelado aún más tiempo: desde 1957 hasta 1980, obligado a trabajos forzados agrícolas en Heilongjiang y en las minas de carbón de Shanxi. Fue arrestado durante otros tres años en 1983, y después estuvo otros tres años en arresto domiciliario. En 1989, año de constitución de la conferencia episcopal de los obispos subterráneos, es arrestado otra vez y liberado en 1993, hasta su último arresto en 2001. En total ha pasado 51 años en la cárcel.

Mientras en China aumentan las revueltas sociales por la justicia y la dignidad de los obreros y los campesinos, vale la pena que recordemos a estos campeones, pues ellos han luchado como ellos y antes que ellos por la verdad, sin tomar jamás las armas, a menudo solos, sin el consuelo de las redes sociales de Facebook o Twitter.

Es necesario acordarse de ellos también porque se teme que el régimen chino los haga morir bajo tortura, como ha sucedido en pasado con otros obispos chinos encarcelados (Mons. Giuseppe Fan Xueyan en 1992; Mons. Giovanni Gao Kexian en 2006; Mons. Giovanni Han Dingxiang en 2007).

Al mismo tiempo, es necesario acordarse de ellos para mostrar la ridiculez del gobierno de Pequín el cual, ante la petición de personalidades políticas internacionales sobre la suerte de los dos obispos, se esconde respondiendo: "no sabemos".  ¿Deberíamos creer que el gobierno, con un gigantesco aparato de policía y una estupenda red de espionaje y de control capilar sobre la población, ignora donde se encuentran estos dos ancianos obispos, que la cultura china impondría que hay que respetar y honrar?

El "no sabemos" es también la respuesta que el Vaticano recibe cuando, en encuentros muy privados con algún burócrata chino, osa levantar la cuestión sobre los dos obispos desaparecidos. Así, ante el temor que su suerte empeore, sus nombres no son citados jamás en las oraciones por los perseguidos.

La delicadeza vaticana mostrada hasta ahora en el diálogo con las autoridades chinas no ha conseguido aún liberar a estos obispos, ni a las decenas de sacerdotes subterráneos que languidecen en los laogai chinos.

Nuestro deseo para la comisión vaticana sobre la Iglesia en China es que su liberación sea condición para reiniciar cualquier tipo de diálogo.  Y nuestra petición a todos, cristianos y no, es acordarse de estos dos ancianos campeones de la fe, de la verdad, de la dignidad del hombre.

A ellos sin discusión va nuestro premio y, sobre todo, nuestra gratitud. Por este motivo queremos iniciar el 2012 con una campaña a su favor.

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La agencia internacional del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras de la cual el padre Bernardo Cervellera es el director:

> Asia News

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Todos los servicios de www.chiesa sobre el tema:

> Focus al CHINA

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