miércoles, 15 de febrero de 2012

La estimulación de ciertas áreas cerebrales produce sentimientos religiosos incluso en ateos»



Cómo tomamos las decisiones es el segundo libro del doctor José Alberto Palma, miembro del Departamento de Neurología de la Clínica de la Universidad de Navarra y de la Comisión Nacional de Neurología, y premiado recientemente por la Real Academia Nacional de Medicina por un estudio sobre el apetito.



En la obra explica el mapa del cerebro que los neurocientíficos están consiguiendo trazar gracias a las técnicas de neuroimagen, en particular la resonancia magnética funcional. Recogiendo decenas de curiosos experimentos realizados por equipos de investigación de todo el mundo, el doctor Palma desgrana cómo nuestras decisiones, sentimientos e incluso opciones políticas o económicas tienen un reflejo mensurable y -lo que es verdadaderamente interesante- predecible en las áreas cerebrales.



¿También los sentimientos religiosos?
Efectivamente, sabemos que la estimulación de ciertas áreas cerebrales produce sentimientos religiosos incluso en personas ateas.

¿Por qué?
A ciencia cierta, no se sabe exactamente. Una hipótesis es que, del mismo modo que existen determinadas áreas cerebrales encagardas de procesar la información del lenguaje o de la memoria, esa área cerebral está específicamente capacitada para procesar e incluso generar las experiencias religiosas

¿Significa esto que la religión es sólo un subproducto del cerebro, pura química?
Es evidente que el cerebro, con sus neurotransmisores y conexiones neuronales, es imprescindible para experimentar un sentimiento religioso, del mismo modo que lo es para experimentar amor, para recordar o para tomar decisiones. Pero la existencia de un área cerebral implicada en el sentimiento religioso no excluye la existencia de Dios.



Todos (o casi todos) los secretos del cerebro.
¿Y cómo salvamos el libre albedrío?

El libre albedrío conserva toda su vigencia. Determinados centros cerebrales se activan cuando se producen sentimientos o se toman decisiones y, de hecho, cuando se lesionan las áreas cerebrales implicadas en cada una de las situaciones existe una falta de función, pero eso no implica que los sentimientos tengan su origen primario ahí. 

¿El cerebro es sólo un instrumento, entonces?

Sin el cerebro no podemos sentir ni elegir. Pero no es el cerebro el que siente ni el que elige, sino la persona. Nuestro cerebro no es más que una herramienta, como lo son nuestros ojos o nuestras manos. 

¿Pero puede preverse el futuro de una persona estudiando su cerebro?
En ciertos aspectos sí que es posible "prever" el futuro de una persona, o por lo menos el sentido de sus decisiones. Por ejemplo, gracias al avance de las técnicas de neuroimagen, es posible saber si una persona va a comprar un determinado producto si va a votar a un determinado político o si va a depositar su confianza en un potencial socio comercial. 

¿Y conocer su pasado?
Si con "pasado" nos referimos a "recuperar" recuerdos con la ayuda de la neuroimagen, todavía no es posible de una manera definitiva, aunque se están dando pasos para ello. En nuestro cerebro, los recuerdos verdaderos se entremezclan con los falsos y estamos lejos de poder determinar a ciencia cierta si un recuerdo es cierto o erróneo. 

Nuestra memoria, entonces, no es como una fotografía... No, nada más lejos de la realidad. Los verdaderos recuerdos se modifican por numerosos factores: el estado de ánimo de ese momento, nuestros conocimientos acerca de lo sucedido, o incluso lo que nos han contado otros. Además, cuando contamos una experiencia, solemos llenar los huecos de la memoria con conjeturas verosímiles, pero que no sucedieron realmente.
 
Como cuando éramos casi bebés...Si tenemos recuerdos de cuando teníamos 1 ó 2 dos años, con toda seguridad son falsos, ya que las estructuras cerebrales relacionadas con la memoria episódica no están maduras hasta los 4 años. 
 
¿Por eso no suelen tenerse en cuenta en los juicios los testimonios infantiles?
Aquí hemos de diferenciar dos circunstancias. Por un lado, los niños menores de 15 años no suelen ser llamados a declarar en juicios dado que se produce una "victimización" que suele afectar al contenido de su relato. Por otro lado, en personas adultas que tienen que recordar eventos sucedidos en su infancia, es muy probable que, como he comentado en el punto anterior, los recuerdos verdaderos se vean interferidos por recuerdos falsos, más aún si el suceso tuvo lugar en unas circunstancias emocionalmente intensas.

¿Qué pensar entonces de las alegaciones que están teniendo lugar en juicios por pederastia?
En este caso el juez ha de ser especialmente precavido y el proceso judicial muy preciso, dado que este tipo de recuerdos, mezclados con estados emocionales muy intensos, y que además acaecidos décadas atrás, podrían ser especialmente susceptibles de interferencias e incluso de manipulación.

En cuanto a los sueños, ¿qué son exactamente?

Los sueños siguen siendo uno de los grandes misterios de la neurociencia. Sabemos que no son experiencias provenientes de deseos eróticos reprimidos, tal y como postulaba Freud, sino más bien procesos neuronales complejos que tienen la finalidad de maduración cerebral, consolidación de los recuerdos y la memoria y ordenación de las experiencias del día. Muchos sueños están marcados por cuestiones de la vida diaria, el trabajo o la familia. También es habitual que los sueños incorporen rastros de las experiencias y preocupaciones de los días previos. De modo que nuestros estados de ánimo afectan al contenido de nuestros sueños.

¿Pueden interpretarse a la luz de las técnicas de neuroimagen?
En estudios de tomografía de emisión de positrones se ha comprobado que las áreas cerebrales visuales y acústicas están activas mientras soñamos (sobre todo si soñamos durante una fase del sueño conocida como REM), tal y como si estuviéramos despiertos. Sin embargo, estamos lejos de poder trazar un "atlas" de interpretación de los sueños, si es que esto alguna vez se consigue.

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