viernes, 16 de noviembre de 2012

VATICANO ORDENA USO OBLIGATORIO DE LA SOTANA


Vaticano; que el hábito sí haga al monje

Una circular interna firmada por el cardenal Bertone invita a todos los eclesiásticos que trabajan en la Santa Sede a que usen la sotana negra o el “clergyman”


pOR ANDREA TORNIELLI

CIUDAD DEL VATICANO

Monseñor con Sotana ribeteada



El hábito debe hacer al monje, por lo menos en el Vaticano. El pasado 15 de octubre, el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, firmó una circular enviada a todos los entes de la Curia romana para subrayar que los sacerdotes y religiosos deben presentarse al trabajo con la vestimenta adecuada, es decir la sotana negra o el “clergyman” . En las ocasiones oficiales, sobre todo ante la presencia del Papa, los monseñores ya no podrán dejar en el armario los paramentos de botones rojos y franja púrpura.

Un llamado para respetar las normas canónicas que representa una señal precisa, que seguramente tendrá un eco incluso fuera de las fronteras del estado más pequeño del mundo: de hecho, en el Vaticano son muy raros los religiosos que no visten como tales. Y es probable que este llamado para tener una presentación fiel e impecable, formalmente, será interpretado como un ejemplo para los que llegan de fuera al Vaticano, es decir para los obispos o sacerdotes de paso por Roma. Una forma de “decírselo a la suegra para que lo entienda la nuera”, como se dice en italiano.

El Código de derecho canónico (284) establece que «los cléricos deben llevar un hábito eclesiástico decoroso», según las normas emanadas por las diferentes conferencias episcopales. La Conferencia de Italia, por ejemplo, establece que «el clero en público debe usar la sotana o el “clergyman”», es decir el traje negro o gris con el alzacuello blanco. El nombre en inglés revela su origen protestante, pero entró a formar parte del vestuario de los eclesiásticos católicos, aunque al inicio era una concesión para los que debían viajar.


La Congregación vaticana para el Clero explicaba en 1994 los motivos incluso sociológicos del aspecto de los sacerdotes: «En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista», es «particularmente necesario que el presbítero –hombre de Dios, dispensador de sus misterios– sea reconocible a los ojos de la comunidad».

La circular de Bertone pide a los monseñores que usen el «hábito llano», es decir la sotana con los botones rojos, en los actos «en los que esté presente el Santo Padre», así como en el resto de las ocasiones oficiales. Una invitación que también se extiende a los obispos que asisten a una audiencia con el Papa, que, a partir de ahora, deberán seguir rigurosamente la norma.

El uso de vestimenta civil para el clero estaba relacionado, en el pasado, a situaciones particulares, como en el caso de Turquía durante los años ochenta o en México hasta hace no mucho tiempo, en donde los obispos estaban acostumbrados a salir de casa vestidos como empresarios. Esta mala costumbre se fue extendiendo poco a poco por Europa. Fue después del Vaticano II cuando la sotana acabó en el armario, por lo que el sacerdote se distingue cada vez menos. Desde hace años, sobre todo entre los sacerdotes jóvenes, se registra una contracorriente. Un cambio “clerical” que ahora está por escrito en una circular del Secretario de Estado.


“SÍMBOLO DE LA RADICALIDAD DE CRISTO Y DEL EVANGELIO”

50 años después, sacerdotes jóvenes retoman la sotana que sacerdotes viejos desecharon... para parecer jóvenes

Luis Dufaur
Jueves 23 de agosto de 2012
 
 
 
Hace 50 años el cardenal arzobispo de París, Mons. Maurice Feltin, aprobó que los sacerdotes de su diócesis dejasen de usar la sotana en condiciones normales.
Su decisión, tomada el 29 de junio de 1962, no se presentó como doctrinaria o moral, sino pastoral, como una adaptación de las costumbres eclesiásticas a las mutaciones de la sociedad. De hecho, significó un cambio histórico, y fue seguida el mismo año por la mayoría de las diócesis francesas.
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Hace 50 años la “liberación” de la sotana era considerada gesto “joven”
El “clergyman” fue acogido hasta con euforia por sacerdotes nuevos y “beatas” frecuentadoras de sacristías, recuerda el columnista de la revista “La Vie”, Jean Mercier, en un artículo bajo el sugestivo título de “El vestido de luz
Mercier insiste en la “embriaguez de modernidad” de aquel momento (ese mismo año se abría el Concilio Vaticano II), para explicar que el cambio haya sido recibido como “verdadera liberación”.
Desde los tiempos del Concílio de Trento la sotana adquirió un simbolismo militante: su uso diferenciaba al sacerdote del resto de los hombres. Su forma actual data del siglo XIX. Escribe Mercier:
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Hoy, jóvenes eclesiásticos quieren usar sotana. Foto: seminaristas en ceremonia de toma de sotana
“Hace pensar en la muerte, en la Cruz. El sacerdote que la viste se compromete a imitar a Cristo casto y pobre. Ella señala su renuncia al placer y a la seducción y, en un sentido más amplio, su renuncia al mundo, es decir, al sistema que marca las relaciones humanas por el deseo de poder, dinero y apariencia. La sotana es una forma de tumba. Ella hace eco a la antigua práctica de revestirse de un ’velo mortuorio’ en la ceremonia de entrada de religiosos y religiosas en religión, para simbolizar la muerte a la voluntad propia y al mundo”.
En 1962 todo eso quedó para atrás: la lógica del abandono de la sotana fue la misma de la apertura al mundo profano, laicizado, que repelía la sumisión y la obediencia.
Por eso, significó una ruptura enorme.
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Para el simple fiel, un sacerdote serio viste sotana
Pero el “clergyman” duró muy poco, y terminó siendo abandonado en la onda de la revolución libertaria de Mayo de 68, cuando obreros, estudiantes y hasta sacerdotes rebeldes contra toda restricción (incluso —por supuesto— la sexual), clamaban en las calles “¡prohibido prohibir!”.
No obstante, 50 años después, los papeles se invirtieron. Son los sacerdotes jóvenes los que quieren usar la sotana cuya abolición los viejos defienden.
Mercier constata, con estupor, que no se trata apenas de jóvenes sacerdotes tradicionalistas: “Hoy, el gran asunto entre los eclesiásticos es saber si ellos tienen el coraje de asumir la sotana”, decía un sacerdote al periodista.
En la perspectiva de los simples fieles de hoy, la sotana está primeramente asociada a la idea de tradicionalismo.
En segundo lugar, viendo a un padre joven vestido de sotana, el fiel piensa que se trata de alguien que celebra discretamente la Misa tridentina en latín, bajo la forma aprobada por la Santa Sede como “extraordinaria”.
En el fondo de la cabeza del hombre de la calle –constata Mercier– la imagen del sacerdote auténtico continúa asociada a la sotana, no obstante las transformaciones introducidas por el Vaticano II.
Un sacerdote amigo del columnista le contó que hace poco fue a Lourdes con un colega. Este último usaba sotana, y él sólo un clergyman negro.
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Capellán militar en Lourdes
Mercier presenta ese padre de clergyman como un hombre de buena presencia y “carismático”, y al de sotana como tímido, con pocas dotes y sin brillo personal.
Sin embargo, cuando andaban por las calles de Lourdes, eran parados sin cesar por peregrinos que les pedían que les bendijeran objetos.
“En ningún momento ellos se dirigían a mí — contó el sacerdote de clergyman—aunque fuese evidente que yo soy sacerdote; siempre iban a mi amigo de sotana. Creo que era por causa de la sotana. Ella ejerce un efecto especial sobre las personas que están lejos de la Iglesia, un atractivo poderoso”.
Mercier dice que tendría muchos otros testimonios para narrar, en el mismo sentido.
Para los sacerdotes de más de 60 años –agrega– la sotana es un “retroceso”, es arrogancia, endurecimiento ideológico, uma renuncia a la modernidad por la que ellos combatieron toda la vida.
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Jóvenes eclesiásticos en Roma: la sotana contradice malas costumbres
Pero los jóvenes sacerdotes, que vuelven a usarla en este 2012, consideran que ella sirve mejor para evangelizar. ¡Y tienen razón!: pues si se trata de “dar testimonio”, ¿qué mejor testimonio puede haber que vestir la sotana en público?
Pero para Mercier, que no es amigo de la sotana, se pone un problema muy delicado.
La sotana está ligada estrechamente al celibato y los sacerdotes sienten mucho eso. Optar por no casarse para seguir a Jesucristo y trabajar por el Reino de Dios: eso es lo que la sotana “predica” como ningún otro símbolo.
La vestimenta negra que cubre todo el cuerpo, escribe Mercier, es un escándalo para un mundo que exhibe la carne, donde prevalece un conformismo social tiránico en materia de sexualidad, donde se afirma ser anormal que alguien no sea ’sexualmente activo’. Pues bien, el sacerdote que practica la castidad y escoge el celibato encarna la resistencia contra ese modo de pensar dominante. El hecho de usar sotana participa de la radicalidad de Cristo y de su Evangelio”.
Mercier recomienda a sus amigos, sacerdotes y laicos que como él se adhirieron al obsoleto movimiento progresista y que hoy se sienten cada vez más frustrados, que no polemicen con los jóvenes sacerdotes de sotana.
¿Por qué? —Si eso sucede ellos se van a radicalizar más y la situación empeorará para aquellos que un día juzgaron que conquistarían el mundo mostrándose “jóvenes”, “en la onda”, “al día”, etc., y arrojando por la borda los “vejestorios” de la Iglesia. Como la sotana…

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