domingo, 28 de octubre de 2012

Era pastor pentecostal; ella «ferozmente anticatólica»... la salud y Newman les cambiaron


La historia de Ken y Alliston

Un día ella resopló, se separó del ordenador echándose para atrás y le dijo a su marido: ¡Dios mío, vamos a tener que hacernos católicos!


REL
En la conversión de Ken y Alliston no hay más elementos extraordinarios que su amor a la verdad y su conformidad a la voluntad de Dios.


"Mi marido creció muy a gusto como protestante, asistiendo a iglesias baptistas o congregacionalistas, y yo crecí ferozmente anticatólica, asistiendo a iglesias baptistas independientes o no denominacionales. Ambos estábamos convencidos de que todos los demás no eran realmente cristianos, en particular los católicos, a quienes considerábamos los más peligrosos porque creían que lo eran", recuerda Alliston en el testimonio recogido el 24 de noviembre en Catholic Sistas, que titula expresivamente como De la confusión cristiana a la claridad católica.



A gusto en el pentecostalismo
Tras su matrimonio, ella y Ken, marine, se trasladaron a Carolina del Norte, donde la iglesia que más les gustaba era de las Asambleas de Dios, una de las mayores organizaciones pentescostales: "La predicación era exaltada, los servicios largos y emotivos, y la música te llevaba desde las profundidades del llanto a las alturas de la danza. Era agotador y vigorizante".



Ken se fue involucrando más, se formó teológicamente y se convirtió en ministro de las Asambleas de Dios, pastor a tiempo parcial y predicador sustituto en sus dos últimos años en el Cuerpo. Tuvieron un niño, se trasladaron a Arkansas, y allí Ken empezó a trabajar en proyectos de rehabilitación de alcohólicos y drogadictos.



La enfermedad del pequeño que selló una etapa
Fue entonces cuando le diagnosticaron al pequeño fibrosis quística: "Comenzaron meses, incluso años, de infierno", sintentiza Allison. Y, sin embargo, fue el principio de su conversión.



¿Por qué? Las Asambleas de Dios se basan en las 16 Verdades Fundamentales, la duodécima de las cuales es: "La sanación divina es una parte integral del Evangelio. Laliberación de la enfermedad fue provista en la expiación y es un privilegio de todos los creyentes“.



"Suena genial, ¿verdad?", dice Alliston: "Pero ¿cómo sonaba esta ´verdad´ en nuestra vida real. He aquí algunas de las cosas que nos decían, que incluso nos gritaban". Y recuerda: "No lo aceptes. La enfermedad viene de Satanás. Quédate ante el altar hablando en lenguas hasta que obtengas la sanación. Basta con que creas que está curado. Si tienes fe, sucederá. Así está prometido".



"La otra cara de la moneda de esta espiritualidad marchita", continúa, "es que, cuando una sanación no ocurre, es que algo funciona mal en quienes rezan... en nosotros. Nuestra fe. Nuestra vida de oración. Nuestra confianza en Dios. Nuestro culto a Dios. Teníamos un pecado oculto. No amábamos a Dios lo suficiente. No amábamos a los demás lo suficiente. No cantábamos o no hablábamos en lenguas lo suficiente. Si la sanación es ´un privilegio de los creyentes´... entonces es que no éramos verdaderos creyentes".



Apacible vida protestante... si no hubiesen buscado la Verdad
Regresaron a Carolina del Norte a una pequeña comunidad rural donde Ken hacía de pastor, pero fue "aún peor", pues "si obviamente Ken no tenía la fe y el amor a su hijo suficientes para que el niño sanase, entonces no le querían dirigiéndoles y rezando por ellos". Tuvieron un segundo hijo, volvieron a Arkansas, pero aunque Ken ya había cumplido los cinco años de ministerio que permitían su ordenación, prefirió dimitir.



Se alejaron de las Asambleas de Dios, volvieron a la primitiva denominación evangélica en la que habían contraído matrimonio, Ken empezó a trabajar en el ámbito de la salud mental y la educación de adultos, tuvieron un tercer hijo -una niña- y empezaron "una apacible vida de respetables protestantes".



Él empezó a profundizar en el estudio de la autoridad en la Iglesia, y ella en el de las posturas ante el aborto de las distintas denominaciones: "De alguna forma -fue, por supuesto, el Espíritu Santo-", recuerda Alliston, "ambos acabamos estudiando las posiciones de la Iglesia católica sobre nuestros respectivos ámbitos de estudio".



Irritación
Decidieron investigar la pretensión de la Iglesia católica de haber sido fundada por Jesucristo mismo. Compraron "montones de libros": "Nos levantábamos temprano para leer y nos pasábamos las noches leyendo. Nos interrumpíamos uno al otro, excitados e irritados, porque yo sólo tenía un año de estudio de la Biblia, pero Ken tenía dos licenciaturas en seminarios fundamentalistas y estaba furioso al ver que los primeros cuatrocientos años de historia de la Iglesia habían sido ampliamente ignorados, y que de San Agustín y Santo Tomás de Aquino apenas le habían enseñado más que un par de breves citas. Alguien mentía".


Susana Hortigosa
De promotora del ateísmo y experimentar un vacío interior... encontró a Dios: «Ya todo cuadra»
Y, entretanto, vivió sumergida en un mundo de promiscuidad, drogas, depresiones... hasta que un novio católico le iluminó su vida.
Actualizado 2 diciembre 2012
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Juan Antonio Ruiz / ReL  
«Si Dios es Todopoderoso, ¿puede hacer una piedra tan grande que no pueda cargarla?¿Es o no es Todopoderoso?». Algunos se plantean este tipo de preguntas y las utilizan como baluarte en pro de la increencia o la irracionalidad de la fe. Habría muchas respuestas que ofrecer. Pero una de las mejores, sin duda, es presentar la vida de uno que pensaba justamente con ese tipo de argumentos y que hoy, tras descubrir a Dios, es otra persona.Se llama Susana Hortigosa García. Nació en Palma de Mallorca (España), pero muy pronto se trasladó con sus padres a un pueblito de Sevilla llamado Casariche.

«Mi familia, y el pueblo en general, son de ideología de izquierdas y atea –cuenta Susana–. Iba al colegio público, donde no se mencionaba a Dios. Cuando llegó el momento de la Primera Comunión, mis padres dejaron que yo eligiera si quería hacerla o no. Decidí que no, y dejé la catequesis y las clases de religión en el colegio, porque me aburrían».

Dentro de este ambiente sin Dios, los ingredientes que sazonaron la adolescencia de Susana no se hicieron esperar: «Drogas, promiscuidad, escapadas de casa, discusiones con mis padres, depresiones... el kit completo». Y de joven no es que mejorara mucho la situación. Trasladada a Málaga al cumplir los veinte años para hacer la carrera de Magisterio, puso muy poco el pie en la facultad… aunque sí que logró sacar la carrera.

Fue en este período cuando retomó el contacto con un buen amigo, católico convencido, con quien se debatía en largas discusiones durante paseos nocturnos: «hablábamos de las cuestiones que nos preocupaban: moral, pareja... y Dios». Porque aunque con el paso del tiempo fue madurando y asentando cabeza, Susana empezaba a experimentar un vacío interior: un algo que no le dejaba en paz consigo misma.

Poco a poco, su vida personal fue quejándose de sus excesos. Establecida en Málaga, trabajó en todo lo que se le pusiera delante: camarera, dependienta, etc. Saltaba de pareja en pareja. Canceló una boda un mes antes de su celebración; otra, a escasos doce días antes. No aguantó y decidió huir. Su amigo católico, establecido ahora en Madrid, la invitó a irse con él; no se lo pensó dos veces.

Y ¿cómo fue su vida en la capital? Así lo describe ella: «Empecé a trabajar como informática. Me hice socia de ARP-SAPC, una sociedad que promueve el ateísmo (entre otras cosas), pero cuanto más me involucraba con la asociación, menos me convencían sus argumentos. Y empecé a investigar sobre la fe, a querer creer… pero no podía».

Una "atea católica"A todo esto, se sumó una tormentosa relación con un joven que le llevó a replantearse la naturaleza del amor, de la entrega y del sufrimiento. Fueron días muy difíciles, en los queella se definía “atea católica”.

Instintivamente, y para sentirse más segura, buscó un novio que fuera católico. Lo encontró. Y ahí fue donde todo cambió…

«Cuando ya éramos pareja, le freía a preguntas. Hasta que, un día, me dijo algo que me abrió los ojos: "¿Por qué no dejas de buscar a Dios en las alturas y le buscas en el amor de la gente que te rodea?". En ese momento hubo un clic en mi cabeza. Y supe queDios siempre había estado ahí, esperándome».

A partir de ese momento, empezó a integrarse en la parroquia, a recibir catequesis, a ir a misa. Hizo su Primera Comunión. Hace apenas unas semanas se confirmó… «y poco a poco espero ir encontrando mi sitio en la Iglesia», dice una feliz Susana.

Todo este proceso, y mucho más, es lo que cuenta en su blog:http://www.yentucamino.blogspot.com.es/

La Susana de hoy sigue su vida, pero camina ya con otra visión totalmente distinta. Así lo describe ella misma:

«La conversión es una experiencia brutal. Y, en mi caso, me gusta porque yo no estaba en una situación extrema. Cuando se cuentan las conversiones de prostitutas, drogadictos, presos, etc., los ateos suelen argumentar que han encontrado a la Iglesia como una forma de escapar a su situación, o como un consuelo. Pero yo no necesitaba a Dios. Le buscaba, sí, pero mi vida era muy normal: un trabajo corriente, buenos amigos, una vida independiente... pero sentía un vacío inmenso en mi interior. Trataba de llenarlo estando pendiente de otras cosas: de ascender en el trabajo, de comprar esto o lo otro, estableciendo relaciones idealizadas y de dependencia... y nada de esto me llenaba. Intentaba acallar esa voz que me decía que nada tenía sentido, que no había una razón para levantarse por las mañanas. Esa soledad abismal. Hasta que encontré a Dios: entonces, de repente, todo cuadraba».

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